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ALGO QUE DECIR

11.02.09 -

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Espuma
T enía que suceder. La insistencia en presentar a Valladolid como ciudad de referencia gastronómica, empieza a dar sus frutos. Si se reparten 18.000 pinchos en Madrid Fusión, se montan ferias de Día y de Noche, casetas regionales y provinciales, Semanas del Pincho y de la Tapa y acontecimientos similares, la imagen que proyecta la ciudad puede hacerles pensar a los que viven fuera que aquí atamos los perros con longaniza al vino tinto o que los espumarajos que a veces lleva el Pisuerga son espuma de salsa de lechazo con reducción de verdejo. Si a esto le añadimos que, además de repartir tapas en el Ave, al menos tres restaurantes aspiran a ponerse una estrella Michelin, se entenderá perfectamente que nos haya llegado la hora de disfrutar de tanta delicatessen como nace por estas tierras, aunque muchas no lleguemos a probarlas nunca. Me hubiera gustado más que la hubieran declarado Ciudad Europa del Automóvil o, en su defecto, CEAT, Ciudad Europa de los Aviones a Tutiplén, pero tendré que contentarme con formar parte de esa Red donde se come bien y se bebe mejor, que es lo que cuentan los forasteros cuando vuelven a casa. Siempre será mejor ese título que el de Ciudad Más Contaminada del Noroeste, que alguna vez rozamos. Y mucho mejor, desde luego, que seguir siendo Fachadolid, aquél oprobioso adjetivo que nos dedicó una revista hace 30 años y todavía arrastramos.
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