La ciclista Maribel Moreno (Girona, 28 años), positivo por EPO en los Juegos Olímpicos de Pekín, ha sido sancionada con dos años de suspensión. Al poco de regresar de la capital china, la corredora ya dio por acabada su carrera deportiva y en la actualidad se prepara para ser monitora de esquí en el Pirineo aragonés. El comité de Disciplina de la Federación le ha aplicado la pena máxima. Moreno fue interrogada a mediados de agosto por miembros de la Unidad de Delicuencia Especializada y Violenta (UDEV) para que aclarara el origen del fármaco prohibido. El Comité Olímpico Español prometió indulgencia con los 'dopados' arrepentidos. Sin embargo, ahora el caso se cierra con la deportista como única responsable.
El 'positivo' de Maribel Moreno manchó la actuación del deporte español en Pekín. Y fue justo al inicio. Todo empezó antes incluso que la cita olímpica. La ciclista, que se había sometido sin problemas a los seis controles previos impuestos por la autoridades deportivas españolas, desembarcó en Pekín el 31 de julio -los Juegos empezaron el 8 de agosto-. Allí se enteró de que no iba a alojarse en un hotel, sino en la villa olímpica. Comenzaron sus nervios. Nada más llegar al recinto, se topó con inspectores antidopaje. Más tensión. Sin tiempo ni para abrir las maletas, las ciclistas pasaron el control por sorpresa. Moreno se mostró inquieta, agobiada. No lo esperaba: había superado el sexto control reglamentario el 18 de julio. El último. Luego, según desveló el análisis realizado en Pekín, recurrió a la EPO. De ahí la ansiedad.
Pocas horas después de aterrizar en Pekín, Moreno tomó un avión de vuelta a Madrid, en compañía de Eugenio Bermúdez, secretario general de la Federación. La ciclista fue inconsolable durante las diez horas de vuelo. Al parecer, ya había confesado a otros miembros del equipo que podía tener problemas con el dopaje. Los responsables de la Federación prefirieron esperar al resultado del análisis y repitieron que el motivo de la fuga de Moreno era una «crisis de ansiedad». Recordaron el carácter quebradizo de la deportista y algún episodio anterior en el que también había sido víctima de su nerviosismo.
Escándalo en Pekín
Diez días depués, con la llama olímpica ya prendida, se supo que la ansiedad era EPO. Fue el primer caso positivo de los Juegos. La bomba. El Comité Olímpico Español se convirtió en la diana de la sospecha internacional. Pronto se recordaron la 'Operación Puerto' y los positivos por EPO de Dueñas y Beltrán en el recién terminado Tour de Francia. Por eso, por haber reventado en el escenario olímpico, el secretario de Estado para el Deporte, Jaime Lissavetzky, apareció ante la opinión pública internacional y arremetió contra la ciclista: «Ha sido una irresponsabilidad absolutamente lamentable». Anunció que aplicaría toda la dureza de la ley y pidió a Moreno, «mirándola a los ojos», que denunciara a sus proveedores de EPO. También exigió a la Federación que iniciara una investigación.
La Ley Antidopaje española, aprobada el 23 de febrero de 2007, contempla la reducción de sanciones para los deportistas que desenmascaren a los inductores de prácticas fraudulentas. La normativa prevé penas de hasta dos años de cárcel para los que promuevan el dopaje. El consumo, en cambio, sólo recibe castigo por la vía deportiva. Eso le ha pasado a Moreno: dos años de sanción. Lo paga ella. No ha acusado a nadie. El silencio. Así es el final de la ciclista líder de la selección en Pekín. El viaje le duró un día: ir, pasar el control y volver. Fue su última pedalada, alrededor de tres siglas que se resisten a abandonar el ciclismo: EPO. La firma del epitafio de tantas carreras deportivas.