¿De verdad hay crisis? Muchos segovianos se han hecho esta pregunta durante los últimos días al ver cómo estaban las calles, repletas de turistas y visitantes ávidos de ver cada rincón de la ciudad y de reservar mesa y mantel en un restaurante.
Verdaderamente, la crisis está golpeando muy poquito el sector turístico y hostelero, y si los datos del mes de noviembre registrados por las oficinas de turismo no invitan precisamente al optimismo, diciembre será otra cosa gracias al fenomenal comportamiento del turista durante el puente de la Constitución, en esta ocasión más breve que en años anteriores, pero igual de bien situado para quien tiene ganas de hacer una escapada de fin de semana un poco más dilatada.
El Ayuntamiento de Segovia tiene la pésima costumbre de ofrecer los datos turísticos un día después de acabado el periodo vacacional en cuestión, por lo que hoy, fiesta de la Inmaculada Concepción, es imposible saber con exactitud cuántos viajeros ha habido en Segovia durante las últimas jornadas, cuántos han solicitado información en el Centro de Recepción de Visitantes o cuántos han entrado en el Alcázar. Hasta el martes, por lo menos, no habrá respuesta.
Sí se sabe, sin embargo, que tanto la ciudad como la provincia -especialmente los alojamientos de turismo rural- han rozado el lleno en este puente de la Constitución de temperatura suave y fina lluvia. Lo confirmó ayer el presidente de la Agrupación Industrial de Hosteleros Segovianos (AIHS), Cándido López. Según le consta a la patronal, los hoteles ha estado al 90% de ocupación durante el sábado y el domingo, mientras que los restaurantes hicieron ayer una gran jornada, con un lleno absoluto. López reconoció la dificultad que entraña que los hoteles alcancen el cien por cien de ocupación en un puente de sólo tres días de duración, teniendo en cuenta que la mayoría de los turistas procede de la Comunidad de Madrid.
Los hosteleros creen que el balance final del puente arrojará buenos resultados, pero no tan suculentos como si las vacaciones hubieran durado cuatro o cinco días, como ha ocurrido otros años. «El puente sólo son tres días y por tanto las cifras finales de visitantes no serán tan espectaculares como en otras ocasiones -asegura Cándido López-, pero sólo la duración del periodo y no la crisis tendrá la culpa de que los resultados sean menores».
El día que más público foráneo ha registrado fue el de ayer. Esta circunstancia se notó incluso en la calle, pues era difícil abrirse paso entre el desfile de personas que caminaban por el Azoguejo, la Calle Real o la Plaza Mayor. De hecho, los restaurantes lo notaron ayer más que el sábado.
¿Qué crisis?
La existencia de la crisis económica es indudable, pero hay unos sectores que resisten mejor que otros los embates de la depresión. El del turismo y la hostelería es uno de ellos. En Segovia, por lo menos. La cercanía de Madrid, las posibilidades que una ciudad de casi cinco millones de habitantes ofrece, es fundamental. Visto lo visto, el madrileño no está muy dispuesto a renunciar a la escapadita de fin de semana a Segovia, Ávila, Toledo o Salamanca. Es evidente que el ocio, el esparcimiento y el descanso son valores tan interiorizados en la cultura contemporánea que ocupan un lugar primordial en la lista de prioridades de los españoles de comienzos de siglo. «Está claro que hay necesidades más básicas que cubrir -reflexiona el presidente de los hosteleros-, pero los pequeños viajes se siguen haciendo».
¿Qué come el turista que se acerca a Segovia en un puente como el de estos días? Cochinillo, sobre todo, cochinillo. También cordero, y judiones de La Granja. El encuentro con la gastronomía tradicional segoviana suele ser uno de los motivos principales del desplazamiento a Segovia.
El regreso se realizará a lo largo de la jornada de hoy, por lo que es de prever largas colas de vehículos en los peajes y los vagones del tren veloz llenos.