María Bolaños ofreció ayer su primera rueda de prensa como directora del Museo Nacional Colegio de San Gregorio acompañada por el director general de Bellas Artes, José Jiménez y por el subdirector general de Museos Estatales, Santiago Palomero. La historiadora del arte explicó a los periodistas las líneas maestras del proyecto gracias al cuál ha logrado el puesto de directora en una de las instituciones más emblemáticas de la ciudad.
-¿Cuáles serán las líneas básicas de su proyecto para el Museo?
-He basado la filosofía del Museo en tres puntos principales: modernización, calidad y apertura. Modernización entendida como una mirada moderna a la colección buscando una visión plurilineal y abierto al máximo número de usuarios. Además, el Museo está en Valladolid, pero pertenece a una red nacional y debe impulsar la dimensión internacional del mismo. Respecto a la calidad, vamos a exigirnos el máximo rigor en la manera de ordenar la exposición. El Museo no va a practicar una política divulgativa del espectáculo para atraer a más gente.
-¿Cómo se distribuirá la colección?
-Aunque es prematuro, y a la espera de tomar un contacto más directo con el museo y el equipo profesional, la idea inicial es reunir toda la exposición permanente de la colección en el edificio central del Colegio de San Gregorio y no repartir la presentación de la colección en dos edificios distintos, como estaba previsto. El Palacio de Villena se destinará a temas monográficos, exposiciones temporales y actividades culturales.
-¿Convivirán escultura y pintura?
-La colección pivota sobre la escultura, que es su legado histórico más sólido y original, pero se mantendrá el diálogo entre ambas artes.
-Quiere acercar el Museo a la sociedad, ¿cómo lo hará?
-Antes de diseñar la programación será necesario dialogar con el equipo del Museo, tener un mejor conocimiento de los fondos no expuestos de la colección y conocer los recursos económicos con los que cuenta el centro. Pero sí es posible avanzar una política de programación, que estará fundada sobre tres criterios: coherencia, innovación y pluralismo. Coherencia, ya que todas las actividades realizadas deben servir para reforzar la comprensión de la colección. Innovación, porque queremos dar cabida a la investigación en los aspectos menos conocidos del museo y a las nuevas vías de estudio abiertas por la historiografía reciente. Y pluralismo, porque una de las señas de identidad del Museo se expresará en el campo de la multidisciplinariedad.
-¿Cuál será su política de exposiciones?
-Las exposiciones temporales se concebirán como resonancias, declinaciones o contrapuntos de las colecciones del museo y de su confrontación con obras de otras colecciones. Se nutrirán de varias procedencias: de la colección propia, de la colaboración con otros museos y de muestras de producción ajena. Además de las exposiciones convencionales de gran formato, haremos exposiciones «de cámara», que estarán realizadas básicamente con fondos del propio museo, con obras reunidas en torno a un tema muy preciso: una fecha, un argumento bíblico, una cuestión iconográfica o un hecho histórico.
-¿Cómo será la relación de la institución con otros museos en esta nueva etapa?
-Creo que es capital que el Museo se integre de forma plena en el tejido intelectual y en la vida cultural de la ciudad. Pero, además, su categoría de nacional le obliga a inscribirse en una dinámica internacional. Para ello atenderá a dos grandes ámbitos: la tradición artística y cultural europea y el desconocido acervo patrimonial de los países de Iberoamérica.
-¿Le da vértigo pasar de la teoría a la práctica?
-Pienso que más allá del componente de gestión que tiene el trabajo de director, este oficio ha experimentado en los dos últimos decenios una decisiva redefinición. El historiador del arte universitario es un oficio muy distinto del historiador del arte en un museo. Porque el museo debe ser, antes que nada, un lugar de proyectos. Y esa meta exige una nueva flexibilidad en las formas de trabajo y en la manera de concebir la dirección, que engloba, junto a las funciones tradicionales, la capacidad para adaptarse a los cambios sin aferrarse demasiado a su ámbito de competencia; para estar atento a aquellas tendencias e interrogantes culturales de su sociedad, que pueden encontrar un ámbito de descubrimiento y de crítica y de reflexión en el museo.