«Nosotros vendemos cine, es nuestro producto principal. Todo lo demás son complementos». Con estas palabras, Javier Margareto, portavoz de la empresas que gestiona los cines Ortega y Avenida en Palencia, sostiene rotundamente que su filosofía sigue siendo potenciar el séptimo arte. No obstante, también ellos han notado la crisis, y mucho más que en otros sectores, ya que tienen la competencia directa e imposible de controlar de Internet, y se han visto obligados a buscar alternativas con las que mantener unos ingresos que, en todo el país, caen a ritmos agigantados desde hace casi un lustro.
La empresa Margareto comenzó durante la Eurocopa, en plena euforia por seguir los partidos de España, a proyectar los encuentros en pantalla gigante a un precio de tres euros, que se pagaban en concepto de un refresco y un paquete grande de palomitas. El ambiente que los seguidores de la selección creaban en las salas era, sin duda, el gran atractivo para los clientes, de todas las edades, que acudieron en masa a esta convocatoria. Con menos éxito se ofreció también la carrera de Marta Domínguez en los Juegos Olímpicos de Pekin y, ahora, después de comenzar la liga, la empresa Margareto ha decidido de nuevo reservar una de sus once salas para ofrecer partidos de fútbol. Los equipos elegidos son los que cuentan con más seguidores, el Madrid y el Barcelona, y el precio se mantiene en tres euros por las palomitas y el refresco. «Yo insisto en que nosotros, lo que vendemos fundamentalmente es cine. No puedo ocultar que los refrescos y las palomitas también suponen una parte importante de los ingresos, pero insisto en que se trata de complementos. Como también son complementos estas retransmisiones de eventos deportivos, que nos permiten rentabiilzar algunas salas en días puntuales en que hay menos afluencia de público», agrega Javier Margareto.
El portavoz de los cines Ortega y Avenida reconoce que también en Palencia se ha dejado notar esa tendencia nacional de reducción progresiva de espectadores en las salas. En un principio, se habló de la competencia desleal que suponía el top-manta, pero el gran competidor de los cines ha sido Internet, la generalización de la banda ancha y de la velocidad elevada, y la facilidad para bajarse películas de Internet de forma casi simultánea a su estreno. «La verdad es que en las grandes películas, las esperadas, de alguna manera se mantiene el número de espectadores, porque la gente quiere seguir viendo esas grandes superproducciones en pantalla grande, pero donde más se nota el descenso es en el día a día, con las películas más normales, donde se ha perdido un sector importante, sobre todo de personas jóvenes», concluye el portavoz de la familia Margareto.