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Vida y Ocio

06.10.08 -

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Tarde anodina de toros y toreros en la Feria de Otoño
El vallisoletano Joselillo, en un pase de capote a uno de sus astados. / MONDELO-EFE
La corrida de Peñajara tuvo dos mitades muy desiguales. Frascuelo dibujó alguna cosa con el primero, que, avisado por la mano izquierda, se iba de los engaños en cuanto los dejaba detrás, y hasta pintó un arranque de faena de rancio sabor: seis muletazos de horma y cambiados, limpios, precisos. El segundo se entregó con corazón en un demoledor primer puyazo.
Morenito de Aranda no se animó a replicar. Tan poco invitaba el toro, liquidado en breve. Un coro de miaus estuvo mortificando a Joselillo desde la salida del tercero hasta la misma hora de tumbarlo. A Joselillo le costó centrase en ese eco malévolo. Aceleradillo, nervioso el torero de Valladolid, que sólo el sábado había matado en Zaragoza dos inmensos toros de Dolores Aguirre.
El cuarto, buen mozo colorado, alto de agujas, parecía ciclópeo al lado de los recién arrastrados. Le dieron el mismo peso que al tercero. Buscó puerta por donde escapar. No tuvo maldad mayor. Frascuelo, entregado en lances de regular asiento en el recibo, se compuso en dos muletazos en redondo muy gustosos. Quiso torear en la media altura, no pudo ser. Lidiado sin criterio, manseó en el caballo, esperó e hizo hilo en banderillas y, aunque con la cara arriba en las salidas de embroque, atendió pronto. No descolgó, pero repetía. Al aire del toro un largo trasteo de Morenito. Incómodo con la embestida no destartalada pero falta de ritmo del toro, que no metía los riñones pero venía. Razonable el manejo del torero burgalés. Pero plano.
De sexto estaba un monstruo de 600 kilos. Formidable tonel. Tripudo, tan corto de manos casi con el vientre daba en el piso. Pezuñas y palas opalinas. Ojo de perdiz. Y un inconfundible trote borriquero. Lo sostuvo el fondo. Morenito de Aranda se interpuso no tan discretamente en la lidia después de cambiado el primer tercio. No estuvo la mayoría por el toro, que en corto tomaba demasiado despacito la muleta y a veces al paso. Tardó en centrarse Joselillo. La fórmula era dar distancia, aguantar el primer embroque y tirar por delante al puro pulso. Cuando hubo pulso, faltó encaje. Y viceversa.
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