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47.315 lectores diarios RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 14 febrero 2012

Valladolid

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Vídeo: TV CYL
«Le voy a tener que poner una denuncia porque cualquier día me mata», llegó a decir la mujer muerta ayer de once cuchilladas a manos de su ex novio mientras una compañera la trasladado moribunda en su coche particular desde la empresa en la que víctima y agresor trabajaban, en el polígono de Los Salvegueros de Pedrajas de San Esteban, hasta el centro de salud de Íscar, donde falleció apenas 45 minutos después de llegar.
Los hechos ocurrieron en la sede de la empresa de carpintería metálica Desime poco antes de que los ex compañeros sentimentales, ambos de nacionalidad rumana, acabaran su jornada laboral continua (de 7.00 a 15.00 horas). Eran las 13.40 y Micaela e Ion comenzaron una fuerte discusión que el segundo zanjó -así lo reconoció él mismo después de entregarse ante la Guardia Civil- esgrimiendo un cuchillo con el que asestó 11 puñaladas a su ex pareja en presencia de otros trabajadores sin que éstos pudieran evitarlo.
Once centímetros de hoja
La víctima intentó huir corriendo al ver cómo Ion sacaba un cuchillo de 11 centímetros de hoja que ya llevaba encima -los agentes creen que pudo existir premeditación- pero fue alcanzaba a la altura de los aseos. Allí se defendió, como demuestran los tres cortes defensivos sufridos en los brazos (en las muñecas), aunque no pudo evitar que el agresor le alcanzara en ocho ocasiones más, seis de ellas en el cuello, una de ellas le alcanzó la tráquea, y otras dos en la axila izquierda y en el pecho. Una auténtica sangría tras la cual el autor confeso huyó del lugar en su turismo particular, un Peugeot 207, rumbo al cuartel de la Benemérita en la localidad vecina de Íscar, donde se entregó y confesó de inmediato lo ocurrido.
Tras de sí dejó a su ex novia moribunda pero consciente y con fuerzas para pedir a los compañeros que la atendieron que la evacuaran en su coche sin esperar a la ambulancia. Así lo hicieron y, mientras le taponaban las heridas del cuello con una toalla, aún pudo anunciarles que debía denunciar al agresor. Nunca lo hizo a pesar de que días antes del crimen confesó a sus allegados que el ahora detenido «la estaba acosando constantemente» en las últimas fechas a raíz de que descubriera que había rehecho su vida con otra persona un año después de cortar su relación de cuatro años con él.
Los médicos del centro de salud de Íscar intentaron estabilizarla y de nada sirvió la llegada de una UVI móvil, cuyos efectivos certificaron la muerte de Micaela V., de 43 años, minutos antes de las tres de la tarde. Su cuerpo partió poco después rumbo al Instituto de Medicina Legal de la capital.
Entre tanto, su ex compañero, Ion B., de 44 años, confesaba lo ocurrido a los agentes de Íscar antes de ser trasladado a los calabozos de la Comandancia para continuar con las diligencias previas a su paso a disposición del juez.
Agresor y víctima llevaban más de siete años afincados en la localidad iscariense y comenzaron su relación sentimental hace cinco, cuando Micaela aún vivía sola a la espera de traer a su hija, de 23 años ahora, fruto de una relación anterior. La mujer trabajó «duró» desde su llegada al municipio en un taller de soldadura de la carretera de Megeces, donde se formó antes de ser contratada, junto a su entonces novio, en la empresa Derivados y Sistemas Metálicos (Desime) para trabajar de soldadora.
«Valiente y trabajadora»
«Era una mujer encantadora y muy culta que intentó integrarse desde el principio leyendo muchos libros e intentando hablar con los que pasábamos por el taller para aprender castellano», recuerda un vecino. Él es «algo más reservado» pero de apariencia «amable». La pareja mantenía una relación aparentemente normal que se rompió hace un año, cuando la víctima y su hija se mudaron del piso de alquiler que compartían con su ya ex novio rumbo a otra vivienda del entorno de la calle Las Eras, justo detrás del centro de salud.
Micaela compaginaba su trabajo como soldadora con el de camarera, un oficio que comenzó a desempeñar los fines de semana en un bar de Pedrajas de San Esteban antes de trasladarse a otro de Íscar, el Centella, cuyos dueños y clientes lamentaron una tragedia de la que se enteraron nada más llegar la víctima al centro médico: «Nos avisaron de que era la camarera del Centella y enseguida fuimos», relató la propietaria, quien calificó a su empleada de «una persona valiente y agradable que jamás dio ni un problema».
La Coordinadora de Mujeres ha convocado una concentración de repulsa a partir de las 12.00 de hoy en la Plaza Mayor de Valladolid.
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