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47.315 lectores diarios RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Vida y Ocio

VIDA Y OCIO

Los problemas económicos provocan un descenso de las demandas de ruptura conyugal por primera vez tras la ley de 1981
21.09.08 -

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Tal vez sea una variante de aquella canción de El Último de la Fila que decía que 'cuando la pobreza entre por la puerta, el amor salta por la ventana'. Con la crisis económica no sólo se han desplomado las bolsas. Los divorcios y separaciones certifican un fracaso sentimental al que hay que sumar el económico. Y, lo que no han conseguido las prédicas desde el púlpito ni las apocalípticas advertencias sobre el fin de la familia a cargo de grupos conservadores, lo ha logrado la crisis económica: el número de divorcios, que tras la reforma de la ley se había disparado, ha comenzado a descender.
En el 2007, los matrimonios rotos definitivamente en España fueron 130.897, un 7,4% menos que el año anterior, un cambio de tendencia que fue acelerándose a medida que avanzaban los meses. Y que no parece terminar ahí: en el primer trimestre de este año, el número de divorcios cayó un 18,1% respecto del mismo período del ejercicio anterior.
En Castilla y León, la estadística todavía se agudiza más. Frente a los 5.424 divorcios (con y sin consenso) firmados en el 2006, el pasado año cayeron por debajo del 'listón' de los 5.000 (4.857). Un descenso del 10,4% que la sitúa entre las regiones donde más se agudiza esta tendencia. Y, en lo que va de año, ese 'desplome' llega al 37% (sólo superado por Extremadura, La Rioja y Baleares), aunque los expertos advierten del efecto distorsionador de la huelga de funcionarios de Justicia que bloqueó la entrada de procesos durante dos meses a principios de año.
La subida del euríbor y la crisis, con la consiguiente inestabilidad laboral, explican ese recorte, aunque los especialistas comentan que era impensable que los divorcios siguieran aumentando a razón de 50.000 al año, como sucedió en el 2005 y el 2006. Ahora, la cuestión radica en saber cuánto tiempo se mantendrá la tendencia a la baja y qué sucede con esos matrimonios que, en mejores condiciones económicas, se habrían roto.
Dudas
Los expertos prefieren ser cautos. «Esta tendencia puede ser un efecto 'rebote' del 'café para todos' que supuso la nueva ley -indica el director del Instituto de Ciencias de la Familia de la Universidad Pontificia en Valladolid, Jesús Galdeano-. Hay que relativizar tanto el incremento fuerte como el descenso actual porque hay un 'efecto goma'. La sociología reclama plazos más largos».
El director del Instituto de Política Familiar, Eduardo Hertfelder, también aprecia «un lógico estancamiento tras el repunte del 'divorcio exprés'». Y avanza que «la curva volverá a ser ascendente un poco más adelante, con o sin crisis económica».
La Ley del Divorcio se aprobó en 1981, lo que homologaba a España con la mayor parte de los países occidentales. Desde entonces, el número de divorcios registrados en España no ha dejado de crecer año a año.
La tendencia creciente se aceleró en el 2005, con la reforma llamada popularmente del 'divorcio exprés'. Tanto es así, que el número se multiplicó casi por tres en sólo dos años, a causa de las menores exigencias legales y una alegría económica rayana en la opulencia. Por eso la llegada de la crisis ha tenido efectos inmediatos y de una intensidad que sorprende a los especialistas.
«Las dificultades económicas no favorecen la convivencia -apunta la vocal de la Asociación Española de Abogados de Familia en Castilla y León, Teresa Vicario-. Aunque, si hay que acabar con una relación, se acaba haciendo como sea».
El euríbor dio el primer aviso a lo largo del verano del 2006. Quince meses más tarde, la carga de los intereses de un crédito era exactamente el doble que en el 2002. El pago de la hipoteca amenazaba ya con estrangular muchas economías familiares. El paro comenzó a repuntar. Con apenas retraso, la crisis se trasladó a la contabilidad de los divorcios. Así, 2006 cerró con la cifra más alta jamás registrada: más de 140.000. Un récord que además suponía casi siete rupturas por cada diez nuevos matrimonios.
Cambio de tendencia
Sin embargo, empezó a cambiar en el 2007. «Es normal que, sobre todo los varones, se lo piensen porque el 90% tienen que dejar la casa y seguir pagando la manutención y la hipoteca», recuerda Eduardo Hertfelder.
Un freno que en época de crisis opera con mayor contundencia porque los efectos económicos de una ruptura son más profundos. Un estudio de Diego Ruiz Becerril, profesor de Sociología en la Universidad de Granada, desvela que cuanto más baja es la clase social a la que pertenece la pareja mayor es la pérdida proporcional de poder adquisitivo que sufren ambos, de forma especial las mujeres. Ander Gurrutxaga, catedrático de Sociología de la Universidad del País Vasco, lo explica de forma muy gráfica: «Los cónyuges de una pareja de renta media que se divorcian se convierten automáticamente en 'mileuristas' y a veces ni eso, después de haber hecho frente a las obligaciones derivadas de la ruptura. Es decir, pasan a llevar una vida con las privaciones propias de un estudiante, cuando ya no tienen edad ni ánimo para ello».
Es el caso del divorciado vallisoletano Juan L. Con trabajo estable en una gran empresa de iluminación en Valladolid, a sus 38 años su vida ha cambiado radicalmente tras separarse hace dos años. Ahora comparte piso con dos estudiantes y su salario (mil euros netos al mes) se ha reducido a menos de 400. «El resto se lo llevan mi ex mujer, mi hija y la hipoteca de la casa que ya no disfrutaré. No sé cómo arreglármelas».
Empiezan a proliferar las parejas que desearían terminar con su matrimonio pero que, una vez hecho un cálculo razonable de su régimen de gastos tras la ruptura, deciden seguir juntos. Y también, aquellas que «deciden vender su casa antes de separarse para quitarse ese problema. Liquidar lo común y que cada uno se busque la vida antes del proceso. El problema es que ahora es muy difícil vender», explica Teresa Vicario.
La semana próxima se celebran en Sevilla las Jornadas de Derecho de Familia, que reunirán a 300 profesionales en cursos de formación continua. Este vez, el programa parece más bien un curso de economía. «Es que la crisis inmobiliaria es ciertísima y las cargas hipotecarias de las parejas también. Los profesionales deben reciclarse ante las nuevas claves», indica el director de los cursos, Agustín Sendino.
Sin arreglo
Ahora bien, ¿es un simple aplazamiento hasta una mejor coyuntura económica o esas parejas se darán una nueva oportunidad? Una vez más, la cautela de los expertos les lleva a poner plazos que van en paralelo a la evolución de la crisis que ha provocado estos cambios. «La actual situación se pasará en dos o tres años y el divorcio recuperará su tendencia anterior», vaticina Sendino.
En esa convivencia forzada actual surgen más elementos para la reflexión. Un elemento crucial serán los hijos. Sus alteraciones emocionales, el bajo rendimiento escolar, los problemas de conducta y el desarraigo... ¿Cómo les afectaría una convivencia obligada por la economía? Convivir con una pareja atada por una hipoteca no tiene por qué ser mejor. La hipoteca puede mantener unido un matrimonio pero no parece un vínculo capaz de regenerar los afectos.
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