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Vida y Ocio

14.09.08 -

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Los inuit no tienen nombre para aves que ven por primera vez
La grasa, un bien escaso./ E. C.
El hotel 'Narsarsuaq' recibe al viajero con amabilidad y una nota a pie de página en la documentación turística sobre la isla. El epígrafe dedicado a los efectos del calentamiento global sobre Groenlandia hace saber que «aparecen aves migratorias nuevas para las que los inuit, el pueblo natural, carece de nombres nativos». Mera anécdota, quizá, pero reveladora de transformaciones de mayor calado en marcha.
Los groenlandeses, 57.100 según el último censo, admiten su desconcierto. «Son demasiados cambios y demasiado rápidos. No sabemos qué va a pasar», dice la maestra Fredriksen. Habla de la crisis climática, de la progresiva desaparición de los hielos que hacen de Groenlandia un enclave único, y del camino hacia una independencia de Dinamarca aún sin fecha. Una encrucijada. Dos procesos que, curiosamente, han acabado por conectarse.
La región es provincia autónoma danesa desde 1979. Muy autónoma pero muy dependiente de la metrópoli, a la que debe la mitad de su PIB. Pero las reservas de crudo groenlandés se estiman en más de 30.000 millones de barriles. El maná negro está en todas las mentes.
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