Dicen que segundas partes nunca fueron buenas. Mentira. Lo de ayer de Perera fue mágico. Los que casi llenaron la plaza del Paseo de Zorrilla fueron unos privilegiados por haber asistido a un acontecimiento tan grande. Perera es el mejor de largo, de todo lo largo que es él. Ayer fue sublime. Combinó dos faenas de época, de peso, de mucha categoría todo ello después de haber triunfado en la tarde que tenía nombre propio; José Tomás. Es profesional, es auténtico, es...el mejor torero.
Comencemos por el final, bendito cierre dejó. Como los grandes músicos dejó lo mejor para el cierre y no quería terminar, la plaza rezaba por más y más. Cubanisto, el toro más pesado de la tarde con 549 kilos de peso, salió al ruedo tanteando el terreno, pero enseguida dejó muestras de lo que podía ofrecer.
Brindó al público, igual que en su primero, ¡qué pocas veces se ve hacer eso a un torero! Y rompió el astado, vaya si rompió. Faena de manual, todos los novilleros que estén empezando y tengan ilusión deberían verse la lidia a este último toro de la tarde una y otra vez. Elegancia, temple, mando, porque el morlaco iba donde el pacense quería. En cada pase dejaba al del Puerto de San Lorenzo colocado para el siguiente.
Sonaba Nerva y en el punto álgido del pasodoble, en el solo de trompeta, templó un pase eterno y la plaza se rompió. Y no había hecho más que empezar. El toro seguía el trapo, básicamente era su continuación.
Se cambió a la zurda e idéntico resultado. En la cabeza del extremeño estaba la faena al dedillo y de nuevo con la diestra, en ese momento se le paró el animal. Se cambia de lado, buscando un terreno más favorable y firmó la mejor tanda de todas. Una tanda que inició con la diestra y terminó con la zurda, épico. La gente en pie con la piel de gallina. Tenía el rabo ganado. No muchos recuerdan una faena así, de esa categoría, de ese empaque y de remate, una serie de bernardinas, para reventar los tendidos. Pero pinchó, maldito pinchazo. Aun así, no perdió los nervios, se envalentonó y estocada en todo lo alto. Dos orejas, las dos orejas más bonitas de la feria. Enhorabuena. A la aparición de Perera le faltó el rabo, la puntuación máxima. Hubiera sido redondo, pero no mató a la primera y en la capa no fue protagonista. No había mejor colofón al más justificado doblete del año en Valladolid.
Y no se termina la crónica de Perera, porque en el primero también lo bordó. De otra manera, de otro estilo, adaptándose a las características del toro. Faena de valor, de casta y de dominio.
Si en el sexto toro sonaba Nerva, en el primero de su lote era Suspiros de España y todos suspiraron aliviados tras el tremendo susto. Cuando toreaba al natural el toro le aprehendió, tirándolo al suelo para volverlo a coger y elevarlo unos metros, estuvo a merced del astado. Menos mal que le hizo cuna entre sus cuernos y no le pinchó, porque era una zona muy mala, tiene estrella Perera. En esos momentos trágicos, nadie sabía si lo había empitonado, el pacense se levantó y echó coraje tras el susto.
Ese toro, complicadísimo no daba ninguna facilidad, aprendió latín en el transcurso de la lidia. Al cuarto muletazo ya se le colaba y le tuvo cerca de una nueva cogida en otras dos ocasiones. No se arrugó Perera, ayer mostró un nuevo atributo a incluir en la nómina de sus cualidades; arrojo. Ni un paso atrás. Firme en el albero, firme de cabeza, frialdad exagerada la que posee para pensar de esa manera delante de un animal tan complicado como su primero. Y como mata, como termina las faenas, en todo lo alto. Estocada para que rodara sin puntilla, a sus pies el toro que tan complicado se lo puso. Una faena de peso, de empaque y de veteranía, algo que no tiene, pero que lo parece a sus 24 años.
Ganas de Manzanares
Se notaba las ganas del alicantino. No tuvo mucha suerte con su lote y, a pesar de ello, se sobrepuso a la voluntad de ambos animales. Trabajó mucho en las dos lidias, metiendo al toro en la muleta, haciéndole embestir, no muy lucido, pero de mucho nivel, es casi más complicado eso que hacer un faenón.
Manzanares está cuajando una gran temporada y eso se nota, calcula muy bien los espacios, domina a los toros y sabe qué hacer en cada momento. Entiende muy bien a los animales y tiene mucha elegancia. Le falta algo de chispa, de transmisión y de raza, pero técnicamente es de lo mejor del escalafón. De casta le viene al galgo.
El que ayer no se pareció en nada a lo que acostumbra es El Juli. Fallón con la espada, desubicado en la lidia, sobre todo del primero. Fallón, muy fallón en la espada. Hasta siete veces entró a matar al cuarto de la tarde, de otra forma habría tocado pelo. Siete veces con la espada y tres con el descabello. No fue El Juli que tanta gloria ha dado a los toros.
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