Tan sólo unos veinte años atrás, Cobos de Cerrato llegó a ser el pueblo de toda Europa con más niños por habitante, algo impensable para muchos otros pueblos y prácticamente imposible de volver a conseguir, dada la pérdida de población de nuestros municipios, situación de la que no se escapa Cobos. Si retrocediéramos esas dos décadas en el tiempo, nos encontraríamos con cerca de una cincuentena alumnos en las antiguas escuelas. Por tanto, cada vez que se organizaba una excursión para los escolares de la zona, prácticamente sólo con los niños de Cobos se llenaba el autobús. Esa importante cifra hizo que, gracias a la lucha de la Asociación de Padres, se construyera un nuevo centro para el Colegio Público Nuestra Señora del Rosario. Aquella explosión de natalidad fue posible gracias a un número muy elevado de matrimonios jóvenes que apostaron por desarrollar su proyecto vital en su municipio. Ahora, el centro educativo cobeño cuenta con muchos menos estudiantes, concretamente cinco, a los que hay que sumar otra decena de adolescentes que se desplaza al instituto a la localidad burgalesa de Lerma.
La realidad ha cambiado notablemente debido al descenso de la natalidad, propiciado en buena medida porque los matrimonios que se forman en la actualidad ya no se suelen afincar en Cobos, aunque la distribución por grupos de edad está más igualada que en la mayoría de pueblos.
Las principales necesidades de la localidad se ciñen a la renovación de las redes de saneamiento de aguas residuales y de abastecimiento de agua, que datan de hace muchos años. La idea del Ayuntamiento es llevar a cabo todas las fases que sean necesarias, para más adelante abordar la pavimentación de varias calles, cuyo firme se está levantando.
Cobos está bañado por el río Franco, afluente del Arlanza que nace en Fontioso y que en su día destacó por albergar numerosos cangrejos, que años después se extinguieron. Sus aguas llegaron a cobijar a nutrias y anguilas, pero sólo las truchas sobreviven. Cerca, la ermita de Nuestra Señora del Río Franco, patrona del pueblo a la que los cobeños profesan gran devoción. En lo alto divisamos las bodegas, y más arriba, la Peña Oliva, donde la corporación municipal tiene la ilusión de crear un mirador.