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47.315 lectores diarios RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 12 febrero 2012

Vida y Ocio

VIDA Y OCIO

José Tomás ha regresado hoy a Valladolid, seis años después, con el cartel de no hay billetes en el coso del Paseo de Zorrilla

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Llegó el día. Tanto tiempo anunciándolo que muchos ni se lo creen. El año pasado ya se empezaron a mover los hilos para traer al de Galapagar hasta la ciudad del Pisuerga. Y aquí está. Tras una fallida primera intentona para la miniferia de San Pedro Regalado, la empresa aseguró, por esas fechas, que el albero vallisoletano volvería a ser pisado por las zapatillas de quien ha dado la vuelta a la tortilla de la fiesta.
La última aparición que José Tomás tuvo en Valladolid fue el 13 de septiembre del año 2002. Aquella tarde, glosada por José Luis Lera en EL NORTE, fue de las que se quedan grabadas. Todo un cartelón: Enrique Ponce, José Tomás y Leandro Marcos. Terna imposible de confeccionar ahora, por aquello de que no quieren enfrentarse el de Chiva y el madrileño. El titular era rotundo: «El arte se esparce por el albero». Aquella corrida no tuvo un claro protagonista, nadie que se mereciera la gloria completa por encima de los demás. Fue una tarde de mucha magia. Los tres espadas salieron por la puerta grande. Destacó Lera, maestro de la estilográfica taurina, varias excentricidades, de esas que tanto se hablan y que tanto gustan a la gente de José Tomás; que se adelantó unos metros a sus compañeros en el inicio del paseíllo y el brindis -nada habitual en él- que regaló al público que abarrotaba la plaza, al igual que pasará hoy. «Presentía lo mejor, y lo mejor fue inmejorable».
Otra de las muchas tardes de gloria que ha brindado José Tomás a la afición vallisoletana fue en la vieja feria de San Mateo, allá por el año 1999. La tarde del 23 de septiembre, junto con Manuel Caballero y Francisco Rivera Ordóñez, el torero de las excentricidades cortó cuatro orejas a dos toros de Núñez del Cuvillo. Aquella tarde de septiembre el de Galapagar triunfó en su estilo, pasándose los toros bien pegados al cuerpo, ofreciendo la verdad del toreo, sin estridencias. No fueron muy brillantes en cuanto a la técnica, pero transmitieron a los tendidos y a la mano del presidente.
Y esta tarde... Esta tarde la expectación es máxima. Delante de las taquillas y del museo taurino hay instalada una pequeña legión de revendedores ocasionales desde el domingo. No abunda de momento la clientela. No se ve a nadie ni amagar, pero hay ofertas de vértigo en Internet. La leyenda José Tomás, cada vez más ajena al toreo y más próxima al márquetin del rock de masas, se nutre en parte no menor de la carnaza de la reventa. El torero sigue sin aparecer por entrevista alguna. Como si fuera invisible. Inaccesible. Las imágenes de YouTube difundidas en Internet, de faenas parceladas, no han resultado precisamente favorables. En cambio, las de su rostro y su vestido ensangrentados o desgarrados y las de su cuerpo apaleado tras cualquiera de las cornadas o volteretas sufridas a lo largo del curso han sido difundidas y calculadamente multiplicadas como carnaza primera. Menú de buitres. Aquí, en Valladolid no hay morbo de sangre, se trata de una feria plácida y se espera un coso abarrotado. Es el día de José Tomás.
La reaparición de José Tomás en junio del 2007 y su nueva salida para hacer temporada este año se ha basado en las tardes de abono. Si no, no torea. Dentro de un abono es exactamente igual el precio de la corrida de José Tomás que el de una corrida con toreros de segunda fila. Podía haber optado por torear fuera de los abonos y las ferias. Ha preferido no hacer la prueba. Tal vez el año que viene.
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