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47.315 lectores diarios RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 12 febrero 2012

Deportes

DEPORTES

Los Juegos son algo más que un acontecimiento deportivo, también esconden historias de amor y odio
03.08.08 -

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El deporte no lo es todo en los Juegos Olímpicos. El evento es propicio para que se acerquen culturas y se den todo tipo de encuentros, tejiéndose idilios que concluyen a veces en boda, aunque hay casos en que las historias rosas terminan mal detrás de los aros olímpicos. Y así ha sido a lo largo de la historia del olimpismo.
1936. HITLER Y STEPHENS
La campeona olímpica de 100 metros
Entre dos discursos sobre la pureza de la raza aria, parece que Adolf Hitler no fue insensible al encanto rural de una sólida chica de Missouri de 1,80 metros. El 'Führer' pidió un encuentro con la campeona olímpica de 100 metros de los Juegos de 1936. Invitada a su palco, Helen Stephens no se privó de relatar lo que sucedió.
Hitler fue directo al grano y le manifestó su admiración. Al tiempo que le pasaba una mano por el trasero le dijo a la campeona olímpica: «Usted tiene el verdadero tipo ario. Debería correr para Alemania».
Después la dio un abrazo que Helen Stephens calificó de «masaje» y le pidió que fuera a pasar un fin de semana con él en Berchtesgaden. Helen Stephens, sin embargo, rehusó educadamente el ofrecimiento. La estadounidense dejó después el atletismo y se pasó a otros deportes como el baloncesto y el sóftbol.
1952. ZATOPEK Y DANA INGROVA
La hija del coronel
Cuando Emil Zatopek partió a hacer su servicio militar en 1945, sus éxitos como atleta le sirvieron para ser el niño mimado del regimiento. De este modo conoció a Dana Ingrova, hija de su coronel. En sus segundos Juegos Olímpicos, en Helsinki, Emil ganó, entre otras, la prueba de 5.000 metros.
Dana, participante en la prueba de jabalina, tomó esa medalla de oro y la deslizó en su bolsa de deporte. «Me traerá suerte», pensó. El primer lanzamiento de Dana alcanzó 50,47 metros, lo que supuso un nuevo récord olímpico. Con él, ella también consiguió la medalla de oro. En total, cinco preseas para Emil y dos para Dana.
Pero la desgracia se cebó en Emil por sus valientes posicionamientos en la primavera de Praga en 1968, aunque los Zatopek vivieron felices juntos hasta que «la locomotora checa» entró definitivamente en la estación, una mañana de noviembre del año 2000.
1956. FIKOTOVA Y CONNOLLY
El disco y el martillo
Plusmarquista mundial de lanzamiento de martillo, el estadounidense Harold Connolly regresó de los Juegos de Melbourne con la medalla de oro y una novia. Connolly, de 25 años y profesor en Massachusetts, se enamoró de una discóbola checoslovaca, Olga Fikotova, medallista de oro 24 horas antes que él.
Fue un idilio «políticamente incorrecto» entre el disco y el martillo, pues se dió en la época en que la guerra fría era más fuerte. Dos meses y medio más tarde, Harold desembarcó en Praga. Tras una audiencia con el presidente de la República, Olga recibió un pasaporte. El 27 de marzo se celebró el matrimonio civil, con Emil y Dana Zatopek como testigos. En el exterior, 40.000 personas desearon a los jóvenes recién casados toda la felicidad del mundo. Acabarían divorciándose en 1973.
1968. CASLAVSKA Y ODLOZIL
Cuatro medallas y un marido
A unas semanas de los Juegos de México de 1968, la gimnasta checoslovaca Vera Caslavska, campeona olímpica de Tokio, tomó posición contra la intervención soviética en la primavera de Praga, dos meses antes del inicio de los Juegos Olímpicos. Finalmente fue autorizada a acudir y conservó su corona en el concurso individual.
En el podio, cuando agitó la mano en señal de victoria, saludó a la multitud pero, sobre todo, al hombre de sus pensamientos, Josef Odlozil. Fue en Tokio, cuatro años antes, cuando conoció al corredor de semifondo, subcampeón olímpico de 1.500 metros en 1964.
El 26 de octubre, al día siguiente de las finales por aparatos, los dos enamorados se casaron en México. Cuatro medallas de oro, dos de plata y un marido. El balance mexicano de Vera Caslavska fue más que positivo. Su bella historia,sin embargo, se terminaría con un divorcio en 1987 y, peor aún, Odlozil falleció en una pelea con su hijo Martin en 1993.
1976. ENDER Y MATTHES
El tiempo de una olimpiada
Cuando el alemán oriental Roland Matthes logró sus primeros laureles olímpicos, en 100 y 200 metros espalda, en México, Kornelia Ender sólo tenía nueve años. Ocho más tarde, en los Juegos de Montreal, las nadadoras alemanas orientales ganaron 11 de las 13 carreras del programa. En aquella ocasión, Matthes se contentó con el bronce sobre 100 metros espalda, mientras que Ender ganó cinco medallas, cuatro de oro.
La nadadora reveló que se había prometido a Matthes dos meses antes de Montreal. Más tarde, Kornelia reconocería haber recibido regularmente, al igual que sus compañeras, inyecciones de productos de los que ignoraba el nombre. Roland se casó con Kornelia en 1978. Los dos campeones olímpicos, poseedores de 41 récords mundiales entre ambos, se divorciaron en 1982. Su unión duró el tiempo de una Olimpiada.
1996. URDANGARÍN Y CRISTINA
Una medalla de bronce y una boda
El jugador de balonmano Iñaki Urdangarín ganó una medalla de bronce en Atlanta con la selección española y, además, inició su relación con la Infanta Cristina, hija del Rey Juan Carlos. Se casarían un año después, en 1997, en Barcelona. Fue el portero la selección de waterpolo, Jesús Rollán, el que presentó a la pareja. Urdangarín volvería a ganar el bronce con España en Sídney 2000, año en que se retiró de la competición. La Infanta Cristina, aunque no compitió en esos Juegos de Atlanta, participó en los Campeonatos de España de clases olímpicas de vela en 1987 y 1988, y fue suplente del equipo español de vela de la categoría 470 en los Juegos Olímpicos de Seúl, en el año 1988.
2000. JONES Y HUNTER
Una historia que terminó mal
Una de las imágenes fuertes de los Juegos de Sídney fue la de Marion Jones junto a Cottrell J. Hunter, su esposo, cuando este, con lágrimas en los ojos, respondía a la prensa tras haber sido encontrado positivo por nandrolona. La nueva campeona olímpica de 100 metros leyó un comunicado en el que aportaba su «apoyo y un respeto total» al hombre con el que se había casado el 3 de octubre de 1998. Menos de un año después, Jones anunció que se separaba del lanzador de peso. Era el fin del idilio entre la gacela de las pistas, triple medallista de oro en Sidney, y el coloso de 150 kilos.
Cuando Jones cultivó un nuevo amor con Tim Montgomery, entonces plusmarquista de los 100 metros, Hunter acusó a la velocista de haberse dopado, poco antes de los Juegos de Atenas. La historia terminó mal.
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