El Museo de Ávila acoge estos meses de verano tres talleres didácticos en los que niños de 6 a 12 años pueden ponerse en la piel de arqueólogos profesionales, sentirse como un pintor flamenco e incluso revivir el Neolítico, ataviados como nuestros antepasados, los que habitaron el planeta hace 5.000 años.
Los jueves los niños que participan en el taller 'Una excavación arqueológica' ven como el patio del Museo de Ávila se transforma en un yacimiento arqueológico de verdad. Allí este grupo de chavales trabaja en unas catas en las que ejecutan todo el proceso arqueológico como auténticos profesionales. Pero antes, como explica Charo Santamaría, responsable del departamento didáctico del Museo de Ávila, «les ponemos en antecedentes sobre qué es la arqueología y sobre qué metodología se sigue». «Además interpretamos una vitrina en una de las salas del Museo, leyendo los carteles y preguntando a los niños qué le sugieren esas palabras que encuentran en los letreros». Por ejemplo «piensan a que les suena telar y lo interpretan como algo relacionado con los tejidos». De esta forma se motiva a los pequeños y se les invita a seguir introduciéndose en el mundo del Museo y todo lo que ofrece. Todo lo especial que tienen esas piezas que para ellos son novedosas aunque en realidad sean arcaicas. Detrás de cada palabra un objeto, una pieza de museo interesante que les mueve a querer saber más.
Después ya pasan a la práctica, el yacimiento del patio del Museo de Ávila lo componen unas catas en las que se han puesto unos testigos. Allí los niños equipados con todo el material necesario se ponen a buscar, con tesón e ilusión a partes iguales, esos restos que pudiera haber en lo que era una antigua vivienda. Los más mayores se sirven para esta tarea, que siempre está supervisada por un monitor, de material auténtico como palas, paletas, picos y cribas. Como los pequeños tienen más dificultad para manejar las palas de metal utilizan unas de plástico que hacen que el yacimiento se convierta en playa sin mar.
Dani tiene doce años y disfruta participando en el taller. «Me gusta encontrar cosas de la Prehistoria. He encontrado muchas cosas como cachitos de jarrones, es muy divertido».
Carlota tiene ocho años y se lo pasa «muy bien». Entre otras cosas «hemos encontrado un jarrón grande entre todos, lo ha encontrado una y luego entre todas lo hemos ido sacando», dice mientras mira otro de sus hallazgos, una pequeña escultura que enseña mientras dice «esta está firmada y todo».
Como si fueran arqueólogos de verdad tienen que seguir el mismo método: sacan las piezas del terreno, las van colocando en grupos y catalogando y luego, en una guía didáctica, se levanta la planimetría, y se representa la ubicaron de la pieza encontrada, se nombra la excavación, en este caso yacimiento de la Casa de los Deanes, y van dibujando y apuntando en que estrato y en que cata lo han encontrado. En este caso han encontrado vasijas, jarrones y algunos elementos decorativos que hacen suponer que se encuentran excavando en la habitación de una mujer. El objetivo final de este juego didáctico es interpretar los materialistas y saber quien vive en la Casa de los Deanes.
Como los Picapiedra
Esta actividad lleva siete años celebrándose en el Museo. La que se lleva a cabo los miércoles, 'Un dolmen para los picapiedra' este año cumple tres ediciones y aunque durante el curso escolar también se celebra en verano es más atractivo porque pueden jugar al aire libre. «Los vestimos de calcolíticos, les explicamos la época Neolítica y les enseñamos como hacían en aquel momento la cerámica manual y les recordamos que en los yacimientos de Ávila se han encontrado objetos de ese tiempo porque la ciudad es muy rica en hallazgos de esa época», explica Santamaría. Aprenden como elaboraban ajuares y herramientas de caza y sin duda el momento más divertido es el que se celebra en torno al dolmen. Se trata de una ceremonia funeraria «y nunca faltan niños voluntarios para hacer de muertos, les encanta que les lleven a hombros después de pintarse la cara con ocre», y matiza «así se revive una ceremonia que se celebraba hace 5.000 años», y es que en el fondo esta actividad está a medio camino entre la arqueología y el teatro, porque a la puesta en escena del enterramiento no le falta detalle.