Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |
47.315 lectores diarios RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Valladolid

VALLADOLID

El expolio del viejo cuartel Conde Ansúrez de Arco de Ladrillo deja siete inmuebles más sin cubierta y los ocho restantes con graves daños o al borde del derrumbe
20.07.08 -

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
Seis años de intolerable saqueo continuo dan para mucho y eso lo saben los buscadores de chatarra que campan a sus anchas por los maltrechos edificios, en teoría protegidos, del cuartel de Caballería Conde Ansúrez, familiarmente bautizado como Farnesio. Si los inicios del expolio fueron tímidos y estuvieron marcados por el robo de cables, mobiliario o pequeñas esculturas, además de por la realización de pintadas, destrozos sin más o botellones, la situación se ha desbordado en las últimas semanas. El paso de los salteadores deja ya su huella más que marcada y seis de los 21 bloques catalogados del recinto militar han sido demolidos sin piedad en busca de cobre, tejas y vigas de metal.
La pasividad de las cinco constructoras propietarias de los terrenos, sumada a la desidia municipal, han llevado al borde de la ruina a los edificios que debieron ser conservados en condiciones desde su cierre en el 2000 hasta el futuro inicio de la urbanización. Nadie hizo nada y el cuartel de Farnesio es ahora un coladero de indigentes, toxicómanos, curiosos y ladrones de chatarra que tienen el paso abierto por los cuatro costados del destartalado recinto.
Un paseo por el interior, acompañado del plano sobre el que están marcados los 21 bloques protegidos, da para mucho y permite al espectador observar lo que se ha convertido en la mayor aberración patrimonial de la historia reciente de la ciudad. Los seis inmuebles mencionados, destinados a uso general público, han desaparecido y el resto sufren daños tan graves que hacen que su supervivencia sea una entelequia.
Solo ocho de los pabellones conservan más o menos bien sus cubiertas más por la ausencia de vigas valiosas que por la bondad de los saqueadores. Su estado, sin embargo, es más que lamentable salvo en uno de los casos, adosado a la tapia del parque de La Paz, y gracias a que dentro viven algunos de los últimos indigentes de Farnesio con el descaro suficiente como para poner un candado en la entrada. El resto forma parte de la historia y en su interior habitan las palomas entre toneladas de basura acumuladas estos años.
Pabellones descapotables
Pero sí algo llama la atención en el acuartelamiento es la reconversión a descapotables de siete inmuebles más. Y son precisamente los de mayor valor. Así, con las vergüenzas al descubierto, ven pasar los días el edificio noble que albergó en su momento a los mandamases militares y los cuatro pabellones centrales que albergan la joya de la corona, o lo que queda de ella, como son las caballerizas del Regimiento Farnesio. A estos cinco, enclavados en torno al patio de armas y destinados a uso residencial, se añaden otras dos naves de talleres ubicadas contra el muro de General Shelly y que deberán acoger comercios y oficinas.
Estos siete inmuebles carecen de tejas y vigas y permiten el acceso no sólo de las dañinas palomas sino también del agua de la lluvia que poco a poco va minando su cada vez menos sólida estructura construida en 1902.
Los autores de la masacre patrimonial apenas «se cortan un pelo», como reconocen los vecinos de Delicias, y aprovechan tanto la entrada principal desde Arco de Ladrillo como la trasera desde el Parque de la Paz para introducir sus furgonetas, sacar grupos electrógenos y subirse al tejado a cortar las vigas a plena luz del día y a la vista de cuantos testigos, policías, constructores y políticos pasen en ese momento por la calle.
El saqueo indiscriminado comenzó a gestarse en abril con el robo de las 27 rejas de hierro forjado de tres metros de altura que tapaban los ventanales de la fachada principal del Conde Ansúrez. Después fueron desapareciendo puertas y ventanas y, ya en junio, comenzaron a desmontarse las cubiertas. La acción de los expoliadores, eso sí, redujo drásticamente el censo de indigentes que desde finales del año pasado ocupaban el mayor foco marginal de la ciudad y que ahora apenas suman una decena repartidos por las pocas estancias relativamente habitables que conserva el cuartel.
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Vocento
SarenetRSS