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08.07.08 -

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EL arquitecto británico Richard Rogers expuso ayer a los vallisoletanos la filosofía que inspira el proyecto que desarrolla su equipo en la urbanización de los terrenos que quedarán liberados una vez que las vías del ferrocarril se soterren. El premio Pritzker de arquitectura 2007 quiere suturar la herida que mantiene abierta y dividido en dos Valladolid. Complace así a la ciudad, que hace décadas que esperaba al 'cirujano' que la uniese.
Los principios que mueven al prestigioso arquitecto han obtenido beneplácito en general, su plasmación práctica es más discutida. Se considera atractiva la solución de abrir una espina verde para un centro hoy parco en jardines. Tampoco hay razón para el desacuerdo con primar una urbe compacta, para algunos excesivamente poblada en algunos puntos, donde la convivencia sea de calidad. Hay que lograr que el Nuevo Valladolid sea cómodo y útil para varias generaciones, y eso sólo es posible si hay previsión sobre los problemas del futuro, algunos de los cuales ya asoman la cara. Rogers quiere que los ciudadanos no dependan del coche para desplazarse por la ciudad; una apuesta exigible por razones que ya son hoy ineludibles: las dificultades a las que el petróleo somete a la economía de los países desarrollados y al cambio climático, una amenaza que hay que combatir desde la responsabilidad individual y colectiva. Zonas verdes próximas a todos los ciudadanos, servicios que cubran las necesidades de quienes habitarán las 6.000 viviendas previstas, centros de trabajo y de ocio, todo ello articulado para uso del usuario. Es de esperar que atrás haya quedado el tiempo en que el hombre cedió sus derechos a los coches, a la construcción, a intereses particulares. Las propuestas del arquitecto británico son asumibles en el papel por cualquier sensibilidad, por dispar que sea. Ahora es el tiempo de que las grandes ideas se lleven a la práctica, sin olvidar a quienes deben de habitar el Nuevo Valladolid. Los vallisoletanos tienen que participar en la medida de sus intereses, sueños y fantasías en lograr la mejor ciudad posible. Muchas de sus ideas serán desechables por imposibles, pero también albergarán una filosofía adquirida por el roce con la ciudad, conviviendo con sus gentes, sufriendo sus carencias o beneficiándose de sus virtudes. Es su gente, y siempre tendrán algo que decir.
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