
La imagen que presentaban ayer muchos supermercados era inédita. Muchos clientes acudieron con sus propias bolsas de plástico, o con las de tela que algunos establecimientos han estado vendiendo durante las dos últimas semanas. Sólo unos pocos, desconocedores de la norma, criticaban el elevado costo de llevarse la compra. «En este país siempre hemos abusado de las bolsas de plástico. Incluso para llevarte una 'cocacola' te daban dos, por si se rompía una, ya que, además, son de mala calidad. Me parece bien que empecemos a preocuparnos por el medio ambiente», comentaba Xu Tang, un joven que se acercó al supermercado con una bolsa de tela que rezaba en inglés: 'Esta no es una bolsa de plástico'.
El Gobierno chino ha decidido atacar por el bolsillo para introducir una cultura ecológica que el consumismo desaforado mantenía hasta ahora a una distancia insalvable. Con la nueva ley, las autoridades esperan ahorrar 37 millones de barriles de petróleo al año, y disminuir las emisiones de CO2 que provoca su producción. «Es una revolución para nuestros hábitos de consumo», reconocía Men Xiaowei, oficial del Ministerio de Comercio, «pero necesario para proteger el medio ambiente, la gran asignatura pendiente de nuestro país».
La nueva normativa, que prohíbe la producción de bolsas ultrafinas, muy habituales en pequeñas tiendas y chiringuitos callejeros, ya se ha cobrado una víctima. Es la empresa Suiping Huaqiang Plastic, la mayor productora de bolsas de plástico del país, que se ha visto obligada a cerrar sus puertas y a deshacerse de sus 20.000 empleados, porque el 90% de sus productos es ahora ilegal.
Las organizaciones ecologistas se congratulan del importante paso que ha dado China en su política medioambiental y esperan que la Unión Europea y Estados Unidos, los otros dos grandes consumidores de bolsas de plástico, tomen medidas similares. Por si acaso, no se deshaga del carrito de la compra.








