
Una gran antena de cinco metros y medio de diámetro levantada sobre una torre de doce, los equipos electrónicos y los sistemas informáticos de archivo y procesamiento de imágenes ya están operativos. El satélite, desarrollado en colaboración con la empresa Surrey Satellite Technology Limited del Reino Unido, permanece en la actualidad en este país en fase de pruebas y, en una semana, será trasladado a Rusia para su lanzamiento entre los días 4 y 26 de diciembre. Mientras tanto, el centro de control trabaja en conexión con otros satélites de todo el mundo, como se demostró ayer durante la presentación de sus posibilidades. Deimos Imaging, la Universidad de Valladolid y la Junta de Castilla y León han colaborado en la puesta en marcha y desarrollo de este proyecto en el que han trabajado numerosos ingenieros de Valladolid.
La antena de Boecillo contará con una homóloga, en plena construcción ahora, en el Polo Norte para ver todas las órbitas de satélite y poder «bajar, en una hora, una imagen de cualquier desastre natural mundial», según explicó ayer Miguel Belló, director del grupo empresarial.
El profesor de la Universidad de Valladolid José Luis Casanova, 'padre' del proyecto, explicó en la presentación del mismo, que el satélite cuenta con un sensor óptimo multiespectral que tendrá una resolución de 20 metros y un amplio barrido de 650 kilómetros. Esto permitirá realizar coberturas de países enteros con una repetitividad sin precedentes, como el recorrido de la Península Ibérica dos veces por semana o de Europa entera en quince días.
El satélite formará parte además del grupo orbital de la constelación DMC en una colaboración internacional con naciones propietarias de satélites. El 'Deimos 1' se sumará así a organizaciones de Argelia, China, Nigeria, Turquía y el Reino Unido. Cada miembro del consorcio opera con su propio satélite en coordinación con el resto, lo que permite, en caso de una catástrofe, disponer de un lugar de observación privilegiado.
Esta red supondrá que Castilla y León, desde Boecillo, «será una semana cada dos meses 'guarda del mundo'», explicó el profesor Casanova. El satélite tiene seis cámaras y se lanzará al espacio con una batería que garantiza cinco años de vida pero que la experiencia indica que podría alcanzar entre ocho y diez. El combustible elegido, lleva tres kilos, es el gas butano frente al habitual hidrocina debido a que simplifica su transporte hasta Rusia al ser menos tóxico. Francisco Javier Martínez de Irujo, vicepresidente de la sociedad Deimos, destacó en su intervención el papel de las personas y las instituciones en este proyecto y la calidad de los técnicos de la comunidad.
Aplicaciones
El director de la compañía, Pedro Duque, que inauguró la estación de control junto al presidente de la Junta, Juan Vicente Herrera, entre otras autoridades, destacó que, «a partir de ahora, vamos a tratar de cambiar el curso del desarrollo de los proyectos espaciales y que vengan mucho a la tierra».
El conocido astronauta español destacó las aplicaciones de este programa en el campo, en protección civil o en el sector forestal. «El agricultor podrá ver de forma regular áreas de sus cultivos para decidir sobre el aporte de riegos y abonos, permitirá el control de los bosques con un estudio frecuente de las partes sanas y las que necesitan apoyo, redundará en mejoras de la eficiencia y aumentará los ahorros económicos en aspectos como derechos del agua, la mano de obra o en los contaminantes que los abonos introducen en el subsuelo» en una comunidad donde el campo tiene un gran peso, así como los incendios forestales.
Deimos, un grupo de cuatro empresas -las dos ubicadas en Valladolid y otras dos en Madrid y en Lisboa- forma parte de la corporación Elecnor y tiene como principal cliente a la Agencia Espacial Europea. Cuenta con trescientos ingenieros en su plantilla y factura más de 20 millones al año.











