
Alfondeguilla es una pequeña población a escasos kilómetros de La Vall Duix'o, población ésta de grato recuerdo para Raúl García Castán, pues allí obtuvo la primera de las victorias que le conducirían meses después a conseguir su primera copa de España en 2006, y allí, rematando con otro triunfo, alzó la que fue su segunda Copa de España en 2007.
A una hora bien temprana, las seis de la mañana, 240 corredores tomaron la salida. El segoviano no las tenía todas consigo. Por un lado, a hora tan intempestiva, la visibilidad es escasa. Tampoco parece la hora mas apropiada, -por razones obvias- para solucionar la eventualidad que tiene en la vista utilizando las gafas de sol graduadas que usa en cada competición. Así que los primeros pasos, fueron inciertos. Además, tampoco estaba seguro de cómo reaccionaría después de la paliza que se dio en Zegama, el domingo anterior.
Tras un par de kilómetros por la carretera, estirando el pelotón, llegó la primera subida, en la que se vio acompañado por el campeón valenciano Emili Selles, hasta que un rato después, se quedó solo ante el peligro, y viendo que a un ritmo cómodo, iba abriendo brecha, continuó en la misma línea, sin forzar demasiado, subiendo y bajando por el abrupto terreno del termino de Alfondeguilla.
Caída
A mitad de carrera, aumentó el ritmo durante un rato, hasta que al pasar por otro control, se informó que sacaba bastante distancia a su más inmediato perseguidor, por lo que aflojó de nuevo el paso.
Salvo los típicos arañazos, y alguna pequeña duda rápidamente resuelta sobre el camino a seguir, los kilómetros pasaban, solitarios, y sin percance digno de mención, hasta que se cruzó una piedra en su camino -como la canción-, y por aquello de la inercia, se cayó yendo a parar contra unos matorrales que amortiguaron la caída. «Dos arañazos sin importancia -según comenta el propio Castán- y ningún dolor raro. Una de tantas que a todos nos ocurren en cada carrera».
La última subida antes de la bajada final que conducía a meta, era la subida al Pipa; «nombre de un pico en el que no sueles pasártelo precisamente como su nombre indica, sino todo lo contrario». Apretó de nuevo el ritmo, pues aunque sabía que sus perseguidores no debían estar cerca, no quería ninguna sorpresa final. Es una de las grandes desventajas del que marcha primero en una carrera por montaña es la ausencia de referencias de los perseguidores.
Un serpenteante descenso le condujo al fin a las cercanías del pueblo, donde sobre una canalización de agua cubierta por cemento, encaró el tramo final hasta meta. A la entrada del pueblo, le esperaban unos ciclistas que, animándole, le condujeron y escoltaron con exquisita amabilidad hasta la misma línea de meta. La segunda posición fue para Santiago García, con un tiempo de 3.34.55.
Fue el gran protagonista. «Por favor, ¿no te molesta que me haga una foto contigo? Era la pregunta que, una y otra vez, me repetían los corredores. Y yo quería decirles que no era ninguna molestia; que todo lo contrario. Que eso era la parte buena de todas las horas de soledad y sufrimiento que me cuesta levantar los brazos y ser el primero en romper una cinta. Que uno corre, al fin y al cabo, por cosas como esa», comentó al final de la carrera.





