
La conocida como Hoya de Huidobro es un fenómeno geológico espectacular. Abierta en el límite entre el territorio de Los Altos y Sedano, la erosión y los movimientos tectónicos han dibujado sobre el terreno una enorme depresión circular, hundida con respecto al territorio circundante, que en el fondo parece como provocada por el impacto de un enorme meteorito.
Sólo que mientras ese entorno presenta la aridez y perfil estepario propio de la paramera que se prolonga hacia Las Loras, la Hoya de Huidobro aparece en el paisaje como un milagro de verdores imprevistos, un cuenco privilegiado al que los dioses hubieran dotado de un clima y una vegetación imposible tan sólo unos kilómetros más allá. El contraste es tan brutal que la estampa parece sacada de contexto. De un contexto, el de Las Loras, dominado por las superficies planas, duramente castigadas por un clima seco y frío que sólo permite una escuálida vegetación esteparia y una vida animal acostumbrada al frío y calores extremos.
Reino de hayas y robles
Mientras, esta hoya amplia y herbosa, es el reino de las hayas y el robledal que aquí conforman espesuras considerables y unos pastos frescos que todavía degusta una cabaña vacuna superviviente de las políticas ganaderas de las últimas décadas. Este denso tapiz natural ha ido disimulando los arañazos considerables provocados en el pasado por explotaciones petroleras y minas de cobre que a punto estuvieron de desfigurarla para siempre.
Pero si espectacular es el enclave, no lo es menos el camino de acceso para quien quiera explorar a pie el desconocido y apartado cañón natural que comunica el puerto de La Eme con la localidad de Huidobro.
El comienzo del paseo se localiza en la primera gran curva del puerto, inmediatamente después de dejar a mano derecha la pista de tierra que conduce hasta Cortiguera. Es también el inicio del barranco de Turriente, que ira ganando espectacularidad en la misma medida que su angostura, tanto que acabará por convertirse en un estrecho pasillo con sitio sólo para el paso del arroyo de los Molinillos, el camino y añosos ejemplares de hayas centenarias.
Mientras el camino aparece flanqueado de aulagas en flor y un ejército de enebros y sabinas de larga vida por debajo va dibujándose cada vez con mayor rotundidad el tajo rocoso que aguas arriba será desfiladero. Es el inicio del tramo más espectacular, con vertiginosos cortados a ambos lados y enormes peñascos amenazando desde lo más alto con venirse abajo en cualquier momento. Después de cruzar por segunda vez el arroyo, el camino inicia un ligero ascenso al tiempo que el desfiladero va abriendo su horizonte hasta abocar a la delicia de praderas que anteceden la inmediata llegada a Huidobro.
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