Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |
47.315 lectores diarios RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Valladolid

VALLADOLID
El viejo cuartel de Artillería acoge a decenas de indigentes
El parón en la construcción convierte Arco de Ladrillo en el mayor foco marginal de la ciudad

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
El viejo cuartel de Artillería acoge a decenas de indigentes
Una inquilina sentada al sol en la entrada principal del hoy desaparecido patio de armas.
El evidente frenazo inmobiliario está causando sorprendentes efectos secundarios ajenos a la causa como la ampliación del albergue para indigentes y toxicómanos en el que se han convertido los dos cuarteles de Arco de Ladrillo hasta convertirlos en el mayor foco marginal de la ciudad. Y todo a causa de un parón constructivo que hace que no se haya puesto ni un sólo ladrillo en los terrenos destinados a albergar 870 pisos desde que se llevaran a cabo los últimos derribos de edificios sin catalogar en septiembre del 2007.

Precisamente a raíz de las demoliciones, y gracias a la paralización de la urbanización, fueron ocupándose poco a poco los dos destartalados acuartelamientos hasta transformarse en lo que son hoy, es decir, un gigantesco hotel gratuito con el cartel de completo colgado en las puertas y las ventanas de sus fachadas.

A finales del año pasado era el cuartel Conde Ansúrez (Farnesio) el protagonista de tan triste final para el abuelo de los centros militares vallisoletanos -la Academia de Caballería data de 1922 y éste se inauguró en 1902- al transformarse en una gigantesca narcosala con vistas a la Ciudad de la Comunicación. Sólo unos meses bastaron para que su compañero de infortunio, el General Monasterio (Artillería), corriera la misma suerte. Allí dentro viven ahora decenas de indigentes -menos, quizás, que en Farnesio- repartidos por las estancias del edificio principal, el único que sigue en pie de unas instalaciones abiertas a mediados del siglo XX bajo el nombre del general José Monasterio Ituarte, uno de los baluartes del alzamiento nacional de 1936.

La muerte del militar mallorquín en 1952 impidió que el acuartelamiento tomara el nombre previsto inicialmente: Isabel la Católica. Los vallisoletanos, eso sí, le bautizaron por su cuenta bajo el sobrenombre de Artillería.

Pero todo aquello es historia y de ella se conservan sólo las letras que presiden la desvencijada fachada principal del cuartel. A su interior se accede, sin complicación alguna, por sus laterales: bien a través de la verja, o lo que queda de ella, de la izquierda, bien por la ventana que da paso a lo que fuera la cantina del ala derecha. Una vez dentro es habitual toparse con una mujer de nacionalidad rumana -la mayoría de los inquilinos lo son- tomando el sol bajo el arco de la puerta de la fachada interior y que se limita a gesticular sin contestar a pregunta alguna de su interlocutor.

El edificio es un clon de su hermano de caballería con decenas de estancias, las más decentes, habitadas por pobres de solemnidad que apenas pasan por ellas para pernoctar después de ganarse la vida en el mundo exterior. La distribución sorprende al contar con cuartos reservados para las cocinas, o algo así, la basura e, incluso, de letrinas que despiden un olor nauseabundo que invade los pasillos del cuartel. Eso a pesar de las corrientes de aire facilitadas por la ausencia de cristales en las ventanas y de puertas.

La ausencia de luz y agua corriente convierten tanto el General Monasterio como el Conde Ansúrez en auténticos focos infecciosos en los que las bacterias campan a sus anchas sobre la comida 'conservada' al natural. La única diferencia entre uno y otro es que en el primero no se consumen, en apariencia, drogas.
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Vocento
SarenetRSS