
Como sería imposible reproducir todo el trabajo gráfico en prensa que ha realizado a lo largo de su trayectoria profesional, EL NORTE DE CASTILLA le ha pedido que elija cuatro fotografías que, desde su punto de vista, pudieran resumir toda una vida dedicada a captar momentos históricos, pero también hechos cotidianos a través de los objetivos de las cámaras. Algo indudablemente imposible, puesto que Agustín Cacho calcula que su hermanos Patricio Cacho y él hacían 11.000 negativos al año en la época de la fotografía analógica.
Durante tres décadas, Agustín Cacho estuvo vinculado a Efe y, diariamente, estas imágenes de la agencia eran reproducidas por el diario decano de la prensa nacional, aunque en muchos momentos de su vida profesional colaboró directamente con el periódico, en el que trabajó primero su abuelo y después su padre, Agustín Cacho Azcárate (1913-1971), y su hermano Patricio Cacho Hernández.
Una de las fotografías reproduce un momento importante tanto para El NORTE DE CASTILLA como para el escritor vallisoletano Miguel Delibes, vinculado estrechamente al periódico. En la imagen de Agustín Cacho aparece el entonces presidente de la Real Academia Española de la Lengua, el también escritor Dámaso Alonso, en el momento en el que impone la medalla de académico a Miguel Delibes, el 25 de mayo de 1975. «Es uno de los recuerdos importantes de mi vida. Fui a hacer un reportaje acompañado de mi mujer y una amiga y recuerdo que después estuvimos en casa de Manuel Leguineche», rememora Cacho. Fue una imagen que, lógicamente, se público al día siguiente en el diario.
Ganarse unas pelillas
«He elegido la fotografía de Franco porque fue uno de los primeros trabajos que hice para EL NORTE». Era octubre de 1969 y Agustín Cacho recuerda que su padre trabajaba para el diario, pero un accidente doméstico -«se cayó por unas escaleras y se rompió unas costillas»- le impidió trabajar, así que el periódico acreditó a su hermano Patricio Cacho, quien también aparece en la imagen detrás del entonces delegado gubernamental de Información y Turismo, Antolín de Santiago y Juárez. «Me colé sin acreditación, y nadie me dijo nada, porque había que ganarse unas pelillas. Hice un buen reportaje y pude vendérselo a los centros oficiales», señala. En esa imagen, el entonces jefe de Estado, el general Francisco Franco, entra en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid. Detrás del dictador se puede ver a unos jovencísimos Príncipes de Asturias, hoy Reyes Don Juan Carlos y Doña Sofía, y a Carmen Polo de Franco. Posteriormente, la comitiva se trasladó a inaugurar el monumento en honor de los Reyes Católicos en la Rosaleda, hoy reubicado.
¿Por qué Brad Pitt? «Ésta es una foto intermedia, que gustó mucho en mi casa -sobre todo entre el público femenino, claro está-, de cuando el actor vino a Valladolid como invitado a la Seminci de 1991, aunque entonces no era nada conocido». En aquella película que iba a concurso, un jovencísimo y desconocido Pitt compartía cartel nada más y nada menos que con las actrices ya consagradas Susan Sarandon y Geena Davis y con el veterano actor Harvey Keitel. Se trataba de la aplaudida por el público, aunque denostada por los cinéfilos, 'Thelma y Louise' del director estadounidense Ridley Scott, que compartió ('ex aequo') la Espiga de Oro con 'El liquidador' de Atom Egoyan. Cacho recuerda otros actores de renombre que han pisado las calles de Valladolid con la excusa de la Seminci, como Samuel Bronson. Durante tres décadas, lógicamente la Semana Internacional de Cine de Valladolid ha dado para lanzar muchos flashes.
La cuarta fotografía separada por Agustín Cacho refleja los inicios de la comunidad autónoma, ya que se trata de la sesión constitutiva de las Cortes de Castilla y León, que tuvo lugar el 21 de mayo de 1983 en el Monasterio de Santa Clara de Tordesillas. En esa histórica jornada juró su cargo como primer presidente el socialista Dionisio Llamazares.
Las viejas placas
La llegada de la fotografía digital modificó sustancialmente la forma de trabajo y provocó la desaparición de los negativos y del revelado, en torno al año 2000. Una de las anécdotas que recuerda el fotógrafo es que las viejas placas de gelatina se vendían a las monjas para hacer escapularios.
En aquella época, el enfoque debía de ser más certero, puesto que se disparaban pocas fotografías en cada rueda de prensa, conferencia o cualquier otro evento. Agustín Cacho, al igual que el resto de los miembros de la saga familiar siempre ha compatibilizado su faceta profesional de gráfico para la prensa con las fotografías de estudio. Los retratos familiares en bautizos, comuniones y bodas han sido infinitos, desde los primeros que hiciera su abuelo, que había nacido en la localidad vallisoletana de Tiedra. «Hasta de entierros nos encargaban fotos». En este sentido, recuerda el funeral de una madre superiora que había fundado una congregación en Valladolid. «Todas las monjas se colocaron alrededor de la fallecida y yo tuve que hacer las fotografías y, después, unos álbumes de recuerdo para cada una de las hermanas».
Las llamadas fotos robadas prácticamente no existían, aunque Agustín Cacho habla de dos. Una de las más extrañas fue la del conocido como 'niño de las agujas', con las que su madre y su tía habían llenado el cuerpo. Logró hacer la fotografía, a pesar de que los médicos intentaron que no fuera publicada. Sin embargo, el entonces director de EL NORTE, Emilio Salcedo, publicó la imagen. En otra ocasión, en el transcurso de la Feria de Muestras, murieron electrocutadas varias vacas y Agustín Cacho inmortalizó el ganado muerto. Pero los ciudadanos no las vieron, a instancias del entonces director de la feria, José Luis Azcona.
La mayoría de recuerdos son gratos, aunque Cacho sucumbe a la emoción al recordar a su mujer, que falleció hace un año. «Aunque no ha trabajado conmigo, porque era enfermera, ha sido un apoyo constante». Ya en las horas del júbilo, Agustín Cacho pasea las calles de Valladolid mientras aprovecha para tirar alguna que otra fotografía, a salvo de las llamadas constantes a cualquier hora del día. Mientras tanto, «preparo una exposición con las fotografías antiguas del archivo familiar». Va a ser verdad que un fotógrafo no se jubila nunca.











