
DE INTERÉS
En España el milagro de los cerezos en flor se asocia, más por presión mediática que por otra cosa, con el cacereño valle del Jerte, donde los bancales apabullan y las dimensiones de la cosecha no tienen parangón. También por el jaleo que se monta cada año en ese valle en cuanto el Telediario anuncia que la primavera ha llegado al Jerte. Pero no es el único lugar del mundo en el que gozar de la hermosura que representa un paisaje en verde y blanco bajo el sol templado de mediados de abril. Casi sin salir de casa, el burgalés valle de Las Caderechas puede presumir de cerezos en flor a mansalva y de un paisaje, si cabe, más espectacular aún. Y también de mucha más tranquilad para disfrutarlo.
El valle de Las Caderechas es un rincón apartado del extremo noroccidental de La Bureba de camino hacia ninguna parte. Tal vez sea ése uno de sus secretos. Encajonado entre los cantiles que lo separan del resto de La Bureba y lo aíslan del colindante páramo de Masa, este valle formado en la unión de otros estrechos valles menores presenta una serie de singularidades entre las que destaca su particular microclima, al rebufo de los vientos hostiles que asolan el páramo, y que resulta evidente tanto a la vista de la vegetación predominante en el paisaje, con extensas manchas pinariegas de aires mediterráneos, como por la temperatura, siempre algo más benigna que en el entorno inmediato, que se percibe en cualquiera paseo que se emprenda.
Fruto de ese microclima benigno es el extendido cultivo de cerezas y manzanas reineta, con afamadas producciones bien conocidas en muchas regiones de España, cuya calidad aparece amparada por sus respectivas Marcas de Garantía y por una larga tradición hortofrutícola que aparece mencionada ya en documentos del año 1032 guardados en el monasterio de San Salvador de Oña. Y todo ello salpimentado por una larga ristra de hermosos pueblos pintorescos cuyo parapeto orográfico ha servido, amén de otras consecuencias poblacionales más dolorosas, para preservar una arquitectura tradicional capaz de poner la guinda a este impresionante pastel de cerezas.
Una espectacular forma de adentrarse en el valle de Las Caderechas es emprender el descenso que conduce desde el páramo de Masa hacia las localidades de Escobados de Arriba y Abajo. Tras pasar estas dos poblaciones, buen preludio de las que encierra el valle, la carretera se enfila por el estrecho desfiladero a cuyo final se localizan la primera de las poblaciones, y los primeros cerezos, de Las Caderechas: Hozabejas. Antes de alcanzar el cruce que permite recorrer las calles del pueblo un camino, a la izquierda, lleva hasta su abandonada iglesia. Si en el cruce se gira hacia la izquierda es posible realizar un amplio rodeo al valle enlazando consecutivamente algunas de sus localidades más representativas: Rucandio, Madrid de Caderechas, Herrera, Quintanaopio... El carril a medio asfaltar que enlaza por su parte alta las localidades de Madrid de Caderechas y Herrera brinda algunas de las mejores panorámicas del recorrido.
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