-¿Para entender las matemáticas es imprescindible ser el típico empollón?
-No, claro que no. Es cierto que en una olimpiada hay gente muy empollona, que además responde al perfil típico de persona reservada y que apenas sale para seguir estudiando, pero también hay otros muchos a los que se les dan bien las matemáticas. De hecho había mucha gente en la fase final que me dijo que no se esperaba que yo ganara porque no tengo pinta de empollón.
-¿Cuál es la clave para que a uno terminen gustándole las matemáticas?
-Es cuestión de saber aplicar la lógica y de ir cogiendo la mecánica desde pequeño. Cuanto más comprendes las matemáticas, más te gustan, y además eres capaz de encontrarle un uso práctico. No obstante, entiendo perfectamente que haya mucha gente a la que no le gusten.
-¿Y ahora a ganar la Olimpiada Internacional?
-Bueno, eso está prácticamente descartado. Hay países asiáticos como China, Japón, Corea o Vietnam que tienen un sistema educativo muy diferente, y su nivel es muchísimo más alto que el nuestro. En otros, como Alemania, Estados Unidos o Canadá, se toman muy en serio estas olimpiadas y dan importantes recompensas a sus alumnos. En España, la formación es menos especializada.
-¿Hacia dónde dirigirá su destino académico una vez que termine el Bachillerato?
-Tengo muy claro que voy a hacer lo que me gusta. Y eso quiere decir que haré una ingeniería industrial vinculada a la mecánica o al bloque energético de la carrera. Siempre me han llamado la atención los coches y prefiero dedicarme a lo que realmente me llena porque es algo a lo que me voy a dedicar toda la vida.













