
DE INTERÉS
San Pedro de Alcántara vivió entre 1499 y 1562 y es recordado por la historia como una escritor y predicador de tendencia mística que ejerció gran influencia en santa Teresa de Jesús. Se ordenó sacerdote franciscano en 1524. Fundó una nueva rama dentro de los franciscanos, llamada 'de la estricta observancia' para que los monjes dedicaran, mediante la mortificación, más tiempo a la oración y meditación. En 1622 fue beatificado por Gregorio XV y canonizado por Clemente IX en 1669.
Este san Pedro fue en vida un incansable viajero que dedicó gran parte de su energía a la fundación de pequeños conventos en los que los frailes pudieran entregarse al sacrificio y oración que el preconizaba. Así las cosas, quien quiera marcarse un viaje por los paisajes de la vida de aquel santo emprendedor puede comenzar, por cercanía, en el lugar donde murió, el santuario de su mismo nombre junto a la localidad de Arenas de San Pedro. A ese lugar llegó en 1561 para continuar su tarea como fundador de conventillos y en ese lugar le llegó la muerte unos meses después. Por obra y gracia de la devoción que despertó su figura, aún más después de su muerte, el pequeño convento acabó convertido en el lujoso mausoleo que hoy acoge sus restos.
Pero para ver y asombrarse de lo que éste fue en su origen, lo mejor es viajar hasta el monasterio cacereño de El Palancar: en las guías aparece referido como «el monasterio más pequeño del mundo» y, si no lo es, poco le falta: todo el convento, con sus celdas, cocina, iglesia y hasta claustro caben en 72 metros cuadrados; todo un ejemplo de organización y maneras. Tal como él mismo dejó escrito, el Conventito, como también se conoce, esta hecho «con materiales sencillos, piedra sin labrar y madera tosca y sin cepillar». Las dimensiones de las celdas son las justas para que una persona tumbada pueda dormir sobre la piedra. El claustro -12 metros cuadrados-, al que se asoman las diferentes celdas, tiene dos pisos, con la madera basta que propugnaba en sus escritos, en los que apenas cabe un hombre de pie. Más asombra aún, si cabe, la propia celda del santo: el hueco de una escalera de apenas un metro de alto por tres de ancho. Ahí se introducía cada noche un hombre de 1.90 metros de altura para descansar dos horas y media sentado, apoyando la cabeza en un trozo de madera.
La iglesia, proporcional al resto de monasterio, apenas deja sitio para tres personas. Este cenobio, que data del año 1557, con algunas transformaciones de los siglos XVII y XVIII, fue envuelto por otro, amplio y más confortable dentro de la austeridad de los Descalzos, construido hacia 1704, de traza barroca pero también de gran sencillez arquitectónica. No lejos de allí, en Alcántara, se localiza el lugar de nacimiento del santo, con un abultado legado monumental del que se sobresale su espectacular puente romano, único en el mundo.
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