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47.315 lectores diarios RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 12 febrero 2012

Segovia

LA ELIPSE
La estación titiritera
29.03.08 -

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La estación titiritera
Una imagen de Titirimundi. / A. TANARRO
SI nos dieran un euro por cada vez que hemos afirmado que no ha hecho invierno de verdad, de los de antes, la renta per capita de los segovianos alcanzaría la de los monegascos más adinerados. Ha sido, sin duda, el comentario triunfador en cafeterías y ascensores, muy por encima de otros clásicos de estación o temporada, como los alimentos.

Reparta frío o regale tibieza, después del invierno hasta ahora siempre ha llegado la primavera y con ella, en Segovia, aterrizan los títeres. O se desperezan, porque a veces sospecho que nunca se van, sino que hibernan en este trozo de meseta hasta que toca el turno de subirse a los escenarios.

Pasan entonces de ser animales de sangre fría a criaturas incandescentes, de la inactividad reparadora al frenético dinamismo. Los invertebrados se vertebran y los cuadrúpedos se yerguen como en los clásicos sueños infantiles. Es imposible imaginar inanimados a quienes has visto con tanta diligencia.

Estamos pues en la antesala de Titirimundi, una de las mejores cestas de cuantas nos enseña la noria cada año en su movimiento circular. En algún lugar de la ciudad, seguro, las marionetas han comenzado a realizar ejercicios de estiramiento para facilitar su ductilidad y los guiñoles a practicar la condescendencia.

En esta edición de 2008, además, se van a multiplicar los escenarios, por lo que la etiqueta de una ciudad tomada por el arte cada vez se acerca más al dogma que al tópico, por rotunda y precisa. Lo difícil va a ser no toparse con una actuación en el paseo; ni siquiera los cafés van a estar exentos de teatralidad, pues en la conquista de los espacios también entran los bares. Haremos vida junto a los títeres, frente a ellos, tras sus hilos.

Festival se acerca a fiesta y por eso Titirimundi es uno de los más propiamente llamados así. Por lo multitudinario de la cita, por el disfrute generalizado y por tornarse en lugar de estancia más que de paso, Segovia se vuelve desconocida para sus propios vecinos, como si de repente la madre apareciera en casa tras disfrutar de una tarifa plana en una clínica de cirugía estética.

Además, es de las pocas ideas exportadas desde aquí con éxito, ramificadas por la provincia y por la comunidad y con sedes en Madrid, donde cada vez se les abre más el apetito. Sólo falta incorporar el títere al escudo, o al himno, o a las dos cosas, porque propicia tanta identidad como el Eresma, y sus aguas son más caudalosas.

El mundo mira ya a Segovia con la mueca preparada, que se convertirá en carcajada o asombro según cada propuesta. Porque si de algo nos sirve la experiencia a los espectadores segovianos es para saber que ni el teatro de títeres es un género menor ni su naturaleza es uniforme.

Existen zumos preparados especialmente para el público infantil con frutas mediterráneas y exóticas y cócteles alcohólicos a los que no conviene que se acerquen los más pequeños. Y dentro de estos, los hay amargos, suaves, aguardentosos, sofisticados y populares, en trago largo o copa ancha, nacionales y de importación, clásicos e innovadores. Hay que probarlos todos aun a riesgo de empacho, porque el invierno -vuelva o no a su crudeza natural por estos pagos- es un largo periodo de abstinencia. Y habrá que tomar reservas para la hibernación.
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