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47.315 lectores diarios RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 12 febrero 2012

Vida y Ocio

VIDA Y OCIO
La isla verde
Roales y su monte, un oasis en medio de la Tierra de Campos
28.03.08 -

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La isla verde
El Cea a su paso por el término de Roales, en Tierra de Campos. / FOTOGRAFÍAS J. PRIETO
Las interminables llanuras cerealistas, que ahora apuntan tan hermosamente verdes, con las que se prolonga el horizonte vallisoletano hacia el norte rompen su monotonía de ondulaciones sin sombras al alcanzar las espesuras de un bosque inesperado, una mancha tan espesa y densa que se aparece como una visión imposible en un lugar que no debiera. De hecho, sólo un milagro es capaz de explicar la existencia de un monte como el que atesora la localidad vallisoletana de Roales. Sólo un milagro pudo salvar esta floresta y hacerla pervivir hasta el siglo XXI de las roturaciones que durante la Edad Media pelaron por completo lo que hoy es Tierra de Campos para convertirla en un inmenso granero sin árboles. De aquella escabechina forestal apenas se salvaron algunos rincones, bosquetes de encinas que aún hoy abrigan los páramos de los Montes Torozos y unas pocas manchas arbóreas acosadas por la voracidad productiva agrícola que acabó con el resto.

Por eso el monte de Roales, 270 hectáreas de apretadas encinas, aparece como un lujo, un manchón oscuro hacia el que corren los conejos como quien se sumerge en un océano para escapar del pescador, rico en sombras perennes y una pajarería que aquí se siente tan dichosa como los novios cuando viajan a Cancún: el paraíso en la tierra, de Campos en este caso.

Trueque

Desde el aire este monte se ve como una isla en el interior de otra más grande, la que dibujan unos límites administrativos que cercaron las localidades de Roales y Quintanilla del Molar para dejar un trozo de la provincia de Valladolid insertada entre las de León y de Zamora. Dicen que en el siglo XIX el monte de Roales pertenecía a Valderas y que los mercados de Valderas se celebraban en Roales, y que mediante un trueque entre ambos pueblos Roales se quedó con el monte y Valderas recuperó su mercado. Eso dicen.

Un sano paseo en bicicleta por caminos con pocos desniveles y muchas cosas interesantes que descubrir puede llevar desde Roales hasta las riberas del Cea y su espeso monte. La salida del pueblo hay que buscarla por la carretera que llega desde San Miguel del Valle para descubrir la primera sorpresa: el monte horadado por un enjambre de bodegas a ambos lados de la calzada. Es el rastro dejado por la afanosa actividad vitivinícola que ocupó a la población en el pasado y que hoy es testimonial: de las 1.000 hectáreas que tenía el municipio dedicadas al viñero a mediados del siglo XX hoy casi no queda ni rastro. Otra bodega, ubicada en el coto de Solaviña, en el interior del monte, guarda un recuerdo mucho más amargo que el más estropeado de los vinos: la memoria de los 22 años que permaneció en ella escondido Santiago Marcos Marcos, 'el topo de Roales', maestro nacional al que la Guerra Civil enterró en vida entre 1936 y 1958.

Tras cruzar la carretera que une Valderas y San Miguel del Valle el paseo prosigue por la pista agrícola que arranca del otro lado. Un kilómetro después se deja a la izquierda un ramal y se inicia el rodeo por la derecha del teso del Castañar mientras se va optando por el ramal izquierdo y después por el derecho en los sucesivos desgajes importantes del camino. Ya a la vista de la cercana ribera del Cea se alcanza un cruce de pistas donde resulta obvio que hay que seguir de frente para alcanzar el puente de cemento que salva el río. Sin tomar desvío alguno se alcanza, en 300 metros, el cruce con la cañada Zamorana, que corre paralela al río. Después queda una chopera, y en el repunte de una leve subida donde la vegetación del encinar ya resulta evidente el paseo recala en las ruinas relamidas de la terrosa Casa del Monte, a las puertas ya de este lujo arbóreo cuyos caminos permiten adentrarse hasta donde dé el apetito o el tiempo.

info@javierprietogallego.com
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