
A las ocho y media de la mañana, una veintena de jinetes se presentaron frente al Palacio Arzobispal para recoger el pergamino que los dos pregoneros pronunciaron a viva voz a lo largo de 14 paradas distintas. A pesar del frío matinal, un grupo de seguidores acompañó a los cofrades, ataviados como los antiguos caballeros de la Orden de Santiago.
Tras detenerse en el Hotel Olid Meliá, la iglesia de San Pablo, el Museo Nacional de Escultura y el Hospital Clínico Universitario, la comitiva arribó a la iglesia de La Antigua pasadas las nueve de la mañana. A partir de ese momento, los pregoneros se fueron intercalando en la lectura del soneto, hasta llegar a la Plaza Mayor, donde Álvaro Gimeno se dirigió por última vez, en esta edición, al pueblo pucelano para anunciarle el inminente Sermón de las Siete Palabras.











