
Los hechos ocurrieron en torno a las 21.00 horas, cuando un sinfín de testigos e, incluso, diversas patrullas de la Policía Local se cruzaron con el motorista de 27 años, I. F. T., haciendo «cabras» por las calles de la ciudad a toda velocidad. Un viandante, incluso, explicó después del siniestro a la gente que le había visto gritar aquello de «no tengo miedo a la muerte» por la acera de Recoletos.
Por esta última vía desembocó en la calle Estación con su Yamaha R6, de 600 centímetros cúbicos, y de placas 1862 FZF, en sentido a la Circular a la vez que un burgalés comenzaba la marcha a bordo de un Opel Kadett con el semáforo en verde hacia la estación de trenes. «No le vi venir», se lamentaba después, «y cuando nos quisimos dar cuenta -iba con su mujer- estaba empotrado contra el coche y tirado sobre el parabrisas». Pero el susto de los ocupantes del coche creció enseguida al ver cómo el motorista «se bajaba del parabrisas y salía corriendo» rumbo a la calle Ferrocarril después de tirar al suelo el casco.
«Apenas se tenía en pie»
Los policías que patrullaban por el entorno, después de recibir la descripción del fugado, se le encontraron segundos después en la plaza del Caño Argales y procedieron a su detención después de comprobar que «apenas se tenía en pie y que no presentaba lesiones de importancia», según confirmaron testigos presenciales.
El joven esposado permaneció más de media hora en el furgón policial antes de ser trasladado al Clínico después de dar positivo.











