
Dos novedades respecto a los últimos años: el clima casi primaveral que rompió la racha de nieve y frío de las pasadas temporadas y la ausencia de Jesús Hedo, tradicional maestro de ceremonias de este homenaje que viajó a Collioure para repetir allí la invocación.
También lo fue la distancia de los estudiantes, que esta vez ni leyeron ni escenificaron los versos del poeta, un ritual que aportaba juventud a la dedicatoria anual.
Tras la bienvenida de Rafael Cantalejo se sucedieron con celeridad las intervenciones: un poema de la segoviana Carmen Truchado -encargada en esta ocasión de la ofrenda floral- citando a Guiomar, unos versos de la concejala Clara Luquero y una canción de Amparo García Otero apoyada en Jorge Manrique, uno de los escritores más admirados por don Antonio.
Aportaron voz al recuerdo, además, el subdirector del Museo Esteban Vicente, José María Parreño; el poeta segoviano Luis Javier Moreno; Ignacio Sanz y el cántabro Antonio Carreira, quien avanzó un trabajo ensayístico sobre la presencia de canciones y coplas infantiles en la obra de Machado.
La reunión fue más breve que otros años, incluso algo menos poblada a pesar de las bondades del tiempo, pero de nuevo se incorporó a Segovia al mapa de lugares machadianos que andan estos días plagados de homenajes y glosas.










