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47.315 lectores diarios RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Cultura

CULTURA
Poderosa Cecilia
La Bartoli se sobrepone a una afección de garganta y cautiva al público del Auditorio Miguel Delibes en el concierto dedicado a su antecesora María Malibrán

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Poderosa Cecilia
Cecilia Bartoli saluda al público del Centro Cultural Miguel Delibes, en un momento del concierto. / NACHO CARRETERO
Hay algo que los cantantes deben controlar tanto como su voz y son sus silencios. La forma en que dejan una nota final flotando en el ambiente para que el público la paladee, hasta que se apaga en una ausencia llena de sentido. Cecilia Bartoli lo hizo al final del 'Cari giorni' de la ópera Inés de Castro y consiguió uno de esos momentos emocionantes de silencio, sólo roto por una espectadora que no pudo evitar un contundente ¿bravo! Con él introdujo uno de tantos aplausos cálidos como se escucharon anoche en el auditorio Miguel Delibes.

El primero de todos había sido uno de esos aplausos para sobreponerse de la adversidad. Fue cuando por megafonía se anunció que Cecilia Bartoli estaba aquejada de una afección de garganta pero que, a pesar de todo, había decidido no suspender. Alguien con sus facultades puede permitírselo como quedó demostrado, aunque en ocasiones se notara que no estaba en su plenitud.

Salía Cecilia Bartoli al escenario con todo su poderío. Con su imponente presencia a la que no era ajena su vestido fucsia, de larga cola, bordado de cristal, que centelleaba con sus movimientos, como la gargantilla a juego sobre su escote. Alguien dijo que le recordaba a Juanita Reina y es que algo de ese poderío flamenco hay en esta mezzo romana que, igual que cuando habla, canta con los ojos, el gesto y los brazos. Que hace los mutis mirando aquí y allá al público para decirle 'gracias', que anda con tal resolución que parece que de un momento a otro será ella quien dirija la orquesta.

Un público entregado y variopinto la aplaudió con fervor. Como fenómeno mediático que es, además de excelente cantante, el auditorio estaba abarrotado y parte de sus espectadores habían llegado desde Madrid y las provincias limítrofes. A la Bartoli hay quien la sigue de plaza en plaza como antaño se seguía a Curro Romero. Y entre ese público, los que pueden seguir las notas con los movimientos de su cabeza pues las saben de memoria; los que atraídos por su fama, las oyen por primera vez y arrancan el aplauso cuando no toca; la representación institucional y política más numerosa de las últimas ocasiones y los habituales de la sala.

Pero la mezzo no fue la única mujer que brilló sobre el escenario. Atención a Julia Schröder, violinista y directora de la Orquesta de Cámara de Basilea, un lujo de agrupación que ofreció algunos de los momentos mejores de la noche, como el Andante Tranquilo del Concierto para violín nº7 de Bériot. La Schröder es una de esas artistas a las que es imposible dejar de mirar cuando actúa, porque tiene algo en su gestualidad y en su música que encandila.

La gestualidad de Cecilia Bartoli tuvo uno de sus picos cuando en los bises interpretó los temas de la Malibrán. Desde donde quiera que esté esta heroína romántica, seguro que ella también aplaudía. Contenta de su heredera.
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