Aventuras que ocurren en el Mundo Flotante o en la Montaña del Alma, protagonizadas por personajes que se llaman Garza Blanca, Barra de Peonías o Alondra Mañanera. Ibáñez tal vez no conozca la cultura china, para al menos domina los fundamentos básicos del taoísmo y el budismo. Sus historias son algo más que un punto de fuga de la realidad occidental. Como él mismo reconoce, ha buscado ese tono ritual, perceptible también en el teatro chino, en el que hay una mezcla de «lirismo, melancolía y un súbito sentido práctico de las cosas». Un 'realismo mágico' a la asiática ungida de frases lapidarias ('El camino se abre una vez nada más. Tómalo, no mires atrás. La vida sólo es para los valientes') o cuentos-metáforas, como esa barca que busca el paraíso en el Lago Sereno y acaba atascada en el cieno por un golpe inesperado de la fortuna.
Historias para leer y/o para escuchar dejando que su cardamomo de palabras endulce la lectura como endulza un buen té. Para ello, Ibáñez alterna historias de apenas veinte líneas con otras de veinte páginas, pero todas ellas cabalgan a lomos de un suave dominio del ritmo. Lo que más fascina y más ha tratado de reproducir el autor madrileño es la música de la prosa china, la forma en que se encadenan unas frases a otras. Hasta los escenas más violentas (seguimos viendo a China como un país cruel) parecen difuminarse y perder su dramatismo en esos puentes invisibles que unen lo real y lo fantástico de sus creencias, mitos y religiones.
'El perfume del cardamomo' abre la nueva colección de libros de bolsillo en ediciones muy cuidadas de Impedimenta. Es el primero de un autor español, al que acompañan en esta aventura editorial la revisión de clásicos como 'La abadesa de Castro', de Stendhal; 'La pulga de acero, de Nikolái Leskov; 'Noviembre, de Gustave Flaubert o 'Santuario', de Edith Wharton.
'El perfume del cardamomo', Andrés Ibáñez. Editorial Impedimenta. 152 pag. 16,95 euros.








