
DE INTERÉS
El principio del sendero hay que buscarlo en el aparcamiento que la localidad de Mogarraz tiene al borde de la carretera. Ahí se encuentra también el cartel con la información general del recorrido. Si no se cuenta con el folleto editado sobre la ruta, conviene tomar buena nota o, en su caso, una fotografía digital de la que echar mano al paso por las instalaciones artísticas.
Ni que decir tiene que la localidad de Mogarraz vale por sí misma cualquier visita a la Sierra de Francia, tanto o más que algunas de sus localidades más conocidas y, muchas veces, abarrotadas. Desde el aparcamiento, el inicio del recorrido hay que buscarlo caminando por la carretera unos 200 metros en dirección a La Alberca hasta localizar la señal que, por la izquierda, encauza el paseo hacia el interior del valle. La caminata junto a los muros de piedra que sostienen los huertos aledaños a la población, brinda una buena oportunidad para apreciar el sistema de cultivo en bancales, único posible cuando la orografía sólo ofrece inclinadas laderas orientadas al sol. En pocos minutos se alcanza el arroyo de los Bocinos, fácil de salvar gracias a los pozos de paso, primera de las intervenciones artísticas del recorrido, tacos circulares de granito colocados a modo de 'pasaderas' sobre el torrente. Algo más adelante sorprende la ubicación de la obra titulada K'oa, dos jaulas metálicas plantadas por el artista salmantino Miguel Poza en un punto estratégico del recorrido, frente a un espectacular paisaje, con la sierra de Béjar como telón del fondo. El murmullo, a veces atronador, del río Milanos, es el entorno sonoro al que se liga la obra de Virginia Calvo, Serena, alegoría de una ninfa cuya mitad del cuerpo aparece sumergida en la roca mientras su cola se alza busca las alturas del bosque.
Siguiendo en todo momento la señalización blanquirroja del GR.10, el camino desemboca en la carretera poco antes de la instalación realizada por Alfredo Sánchez en un privilegiado mirador sobre la localidad de Mogarraz. Muy cerca, a la entrada de Monforte de la Sierra, toca dejar esa señalización por la blanquiverde de Sendero Local mientras se emprende el descenso que llevará hasta el puente de los Molinos, donde aguarda la primera de las sillas metálicas realizadas por Manuel Pérez de Arrilucea, que tiene su continuación algo más adelante, junto al puente medieval de los Tres Ojos. Una vez alcanzado éste, al que se llega tras conectar de nuevo con la señalización del GR.10, se emprende el repecho que aproxima a la localidad de Mogarraz. A sus puertas, también se toca la última de las instalaciones, la realizada por Florencio Maíllo con el título de Cruz de Mingo Molino.
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