
«Los dos estaban muy ilusionados con su hijo y con su casa», recordaban sus allegados rotos de dolor al recordar que «nunca podrán estrenar su nueva vida». Las víctimas, casadas desde hacía una década, formaban pareja desde niños. «Creo que con 12 años, de muy pequeñitos, ya eran novios», relataban sus allegados.
Sus familias, y ellos, son muy conocidos en el pueblo gracias a los oficios de sus respectivos padres. El de él es un pintor jubilado y el de ella es el taxista del municipio «de toda la vida». Ellos habían pasado una temporada viviendo en Laguna de Duero y habían regresado a su pueblo a la espera de finalizar la casa que ahora tenían prácticamente rematada en Aguasal, un pueblecito de una decenas de habitantes situado a tres kilómetros de Olmedo.
Los dos eran «muy alegres» y no se perdían las fiestas de septiembre. No en vano, ella fue dama de las fiestas cuando tenía 16 años y él era «muy aficionado» a los encierros, explicaron los vecinos.
Los compañeros de trabajo de Pedro explicaban que la jornada matinal en la planta de Faurecia, una empresa local dedicada a la fabricación de «piezas insonorizantes» para coches, había sido extraña, casi insoportable. «Todos estábamos muy dolidos y eso se notaba en el ambiente porque Pedro era un gran compañero», aseguraba un trabajador que añadía que «era una persona muy sencilla que sabía ganarse a la gente con su alegría. Era el mejor, y sólo lo digo porque es la verdad».
Tampoco fue fácil la mañana en la agencia de viajes El Corte Inglés de la capital en la que trabajaba Virginia. «Es muy injusto que unos padres con tantas ganas de vivir acaben de esta manera», afirmaba ayer en la web del periódico -repleta de mensajes de pésame- una de sus compañeras. La palabra «injusto» en referencia a lo ocurrido estuvo presente durante toda la jornada entre los centenares de familiares, amigos y vecinos que acudieron a una misa que se prolongó durante hora y media.
Una vecina de Alcazarén
Todos los presentes tuvieron palabras de ánimo para las familias y desearon lo mejor para un bebé que «tiene que saber en cuanto tenga edad para ello que sus padres le querían muchísimo».
Los restos mortales de Pedro y Virginia descansan ya en el cementerio de la localidad que fue testigo de sus vidas. Éstas se truncaron en un fatal choque cerca de Mojados contra un coche conducido por una joven de 23 años y vecina de Alcazarén, R. M. P., que se recupera en el Río Hortega.








