El libro de estas dos expertas se estructura por siglos. El último, el del XX, se divide, a su vez, en varios capítulos: 'Del 'desastre' a la dictadura, 1898-1923'; 'Dictadura y vísperas republicanas, 1923-1931', 'La Segunda República, 1931-1936', 'La Guerra Civil', 'La prensa durante el régimen de Franco' y 'La prensa en la democracia'. «Los tres últimos capítulos, es decir, a partir de la Guerra Civil, son inéditos», explicó la historiadora coruñesa. «Lo demás es una síntesis sobre un tema en el que tanto María Dolores Saiz como yo llevamos trabajando toda la vida».
Entretelas del oficio
Autoras del clásico 'Historia del periodismo español' (tres tomos), Seoane y Saiz han disfrutado «enormemente» investigando las entretelas de este oficio. «Todas las épocas son interesantes, pero el periodismo de más altura se llevó a cabo en el primer tercio del siglo XX; los debates intelectuales de aquel brillantísimo periodo no se han vuelto a repetir». Entonces, como ahora, «había aspereza y agresividad en algunos columnistas, sin embargo se escribía con mucho ingenio y una gran riqueza de lenguaje».
Además de Manuel Alcántara, Seoane cita a Julio Camba, Ramón Gómez de la Serna, César González Ruano, el primer Umbral y Eduardo Mendoza entre sus columnistas favoritos. «A la columna le va muy bien un toque de humor y estos escritores dominaban ese registro».
A su juicio la técnica avanza a pasos agigantados, pero el alma del hombre sigue anclada en los tiempos de Altamira. «Poco hemos cambiado», opina Seoane. «A la masa lectora de los siglos XVII, XVIII, XIX y XX le interesaba lo mismo que a la de ahora; las 'relaciones' del siglo XVII estaban plagadas de seres monstruosos, de seres con malformaciones, desastres naturales, apariciones de fantasmas y, por supuesto, reyertas, ejecuciones, autos de fe y cuernos; es decir, sexo, magia y violencia, exactamente igual que ahora».
Seoane concluye que no se pueden poner puertas a los avances tecnológicos. «Platón denostaba la escritura, cuando apareció la imprenta había un sector de gente que prefería los manuscritos, cuando se perfeccione el libro electrónico y se popularice, habrá quien eche pestes contra él, pero acabará imponiéndose»








