
El observatorio meteorológico de Carralobo, en Astudillo, permanece abierto desde el año 1982. «Los primeros datos que tengo son de principios de los ochenta. Poco a poco he ido ampliando el equipo y recogiendo datos sobre más parámetros. Lo primero que instalé fue un pluviómetro, después los termómetros, el medidor de vapor y los aparatos para registrar la fuerza del viento y las horas de sol. Lo último que he instalado ha sido un pluviógrafo, que funciona igual que el pluviómetro, pero registra los datos», explica Mariano y puntualiza que cuenta con datos sobre lluvias caídas en la zona desde hace medio siglo.
«El servicio nacional del Sempa, en el silo que hay en el pueblo colaboraba con el centro meteorológico de Valladolid y el jefe del silo se encargaba de recoger los datos pluviométricos. Cuando lo dejó, me facilitó toda la información y la guardo», añade.
Mariano colabora con el centro meteorológico regional de Valladolid. «Les envío datos y un extracto de forma periódica. A cambio recibimos una pequeña gratificación simbólica al final del año y también nos ofrecen alguna ayuda con los equipos y tenemos algunos aparatos prestados por el centro. El resto de medidores son míos».
El mantenimiento del observatorio no es complicado. «Los aparatos del viento son los más delicados. Este año se ha averiado el nuestro y hemos estado dos meses sin él, porque estaba en reparación», comenta Bustillo.
Mariano cuenta con la ayuda de sus hijos y de un colaborador para recoger los datos los días que él no está. «Los equipos se manejan de forma sencilla. Hay que estar un poco pendiente, aunque los aparatos cuentan con memoria para las mediciones registradas. Es una dedicación que mantengo por afición», concluye.










