-Es una posibilidad de hacer la tesis doctoral sobre un tema muy interesante, ya que no hay muchas patologías que tengan un tratamiento que pueda corregir la enfermedad. Generalmente las enfermedades producidas por hongos no pueden atajarse, y este control biológico es importante porque no se echa ningún pesticida, y si se hace bien, se puede corregir un problema.
-La investigación es lenta y a veces los resultados no son los esperados. ¿Cómo se vive este ritmo de trabajo?
-Es duro. Yo ya no hago el trabajo de campo, sino que lo hace una compañera, Eva Mayor. El trabajo está dirigido por Ana Belén Martín, a través de la Junta de Castilla y León. Ahora me libro del trabajo de campo, que ya hice en su día. Pero el trabajo de laboratorio es mucho y a golpes. Hay temporadas sin descanso, porque te llegan muchas muestras de campo que hay que preparar y analizar, y sin embargo en otras tienes menos trabajo de laboratorio, pero te tienes que poner a redactar en el laboratorio. Hay veces que es desalentador porque es lento o porque salen cosas inesperadas, pero otras veces es muy satisfactorio, como cuando aparecen los aislados hipovirulentos. También es desesperante si te comparas con otros países como Suiza, Italia o Francia, donde llevan trabajando mucho tiempo con chancro. Aquí también se ha investigado, pero yo acabo de empezar y me queda mucho por aprender.
-Palencia tiene riqueza forestal, pero no en castaños...
-Se debe al clima y al suelo, porque no todos los árboles pueden crecer en todas partes. Por la ecología del castaño, no se da en Palencia, puede haber alguno disperso por el norte, pero no es importante. Además, el castaño del que hablamos es el de castañas comestibles, y los que hay en la ciudad (como el del Patio del Castaño) no tienen nada que ver con el que yo he estudiado.










