
CRONOLOGÍA
Los científicos, que por encargo de los políticos llevan años estudiando este frágil 'santuario' del arte cuaternario, aseguran que lo ideal es mantenerlo cerrado, y por tanto a salvo de la acción de los microorganismo y alteraciones que proliferan con la presencia humana y amenazan las pinturas del paleolítico superior realizadas hace casi 15.000 años.
La decisión de abrir la cueva o mantener el cierre decretado en el 2002 no se tomará, con todo, hasta el 2009, cuando concluya el estudio que llevan a cabo los especialistas del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, (CSIC). Así lo avanzó el director General de Bellas Artes y Bienes Culturales, José Jiménez, que comparecía en rueda de prensa para informar sobre la situación y el futuro de la cueva junto a José Antonio Lasheras, director del museo de Altamira, y Sergio Sánchez-Moral investigador de CSIC y responsable del estudio científico en marcha.
Mientras que el Ministerio de Cultura es partidario de «no tener bajo llave» la cueva y «conciliar la conservación de este preciado bien con el derecho de acceso del público», los científicos dicen que sólo el aislamiento garantiza la estabilidad de las pinturas.
«La era de las visitas masivas se acabó para siempre. Si se reabre en el 2009 será con acceso restringido», apuntaba José Jiménez, advirtiendo de que quedan 30 meses para tomar una decisión y que ésta adoptará en función del criterio de los científicos.
Bajo llave
«Las condiciones de conservación de las pinturas son buenas y hubo momentos en que estuvieron amenazadas», agregó Jiménez. «No podemos poner en riesgo un bien de la humanidad, y ya veremos si es posible establecer un régimen de visitas restringido. Sería lo deseable, si es posible, ya que un bien de tal importancia no es para tenerlo guardado bajo llave», dijo José Jiménez sobre lo que algunos han denominado 'la capilla sixtina del arte cuaternario'. «Si se quiere evitar cualquier degradación de las pinturas, lo ideal sería no abrir la cueva. Aunque las condiciones son hoy bastante buenas, lo mejor desde el punto de vista científico es que no entre nadie», afirmó Sergio Sánchez-Moral, geólogo del CSIC. «Las cuevas son ecosistemas muy frágiles y sensibles a oscilaciones mínimas de temperatura, dióxido de carbono, vapor de agua o microorganismos».
«Las pinturas, a ojos de un científico, son láminas de óxido de hierro adheridas a un techo y si queremos que sigan ahí hemos de hacer lo posible para que se mantengan las condiciones de aislamiento que las han mantenido durante más miles de años», dijo el científico.
«La situación es cada vez más estable y se aproxima a la de hace 14.000 años», afirmó Sánchez-Moral, quien no se cerró en banda a una apertura con visitas muy restringidas. Pero reiteró que las condiciones ideales son las de aislamiento y recordó que el récord de visitas de mediados de los 80 «con 175.000 personas a lo largo de un año en un sala de 150 metros cuadrados» sería un atentado contra las pinturas.
El estudio en marcha afecta tanto al interior como al entono de la cueva que tiene una monitorización microclimática y en cuyo acceso se ha colocado un segundo cierre que frene el intercambio nocivo de materia con el exterior. «Estudiamos lo que se filtra a través del agua desde la superficie y qué comen los microorganismos y bacterias del interior. Si conocemos sus nutrientes y los eliminamos, controlaremos su proliferación», apuntó el científico. «La microbiología está empezando, y la verdad es que cada día se describe una nueva especie. Conocemos las que hay en al cueva y cuáles son metabólicamente activas».
Neocueva
Lasheras destacó como la creación del mueso de la neocueva en el 2001 «supuso una mejora trascendental de la cueva». «Se neutralizaron los riesgos, se alejó el tráfico y el aparcamiento y se paró el proyecto de una carretera que pasaba muy cerca». «Con las medidas que se adoptaron se evitó que los riesgos se transformaran en problema», dijo Lasheras, que recordó como estos «problemas» obligaron al cierre definitivo de otros enclaves del neolítico como Lascaux.
El nuevo museo recibe más de un cuarto de millón de visitas al año. Son treinta veces más de las 8.000 visitas anuales controladas que recibía la cueva original en la última etapa en la que estuvo abierta, con una media de 20 personas diarias con una estancia de diez minutos entre 1982 y el 2002. Antes de la restricción se llegaron a registrar 175.000 visitas anuales.








