DE INTERÉS
Trazadas siguiendo las curvas de nivel de la montaña, sus calles saben a piedra, pizarra y barro. Se extienden como en un pequeño embudo, formando un laberinto de callejones empinados y sinuosos, en los que llama la atención el uso abundante de pasadizos. Era la forma antigua en la que se unía sobre la calle el primer piso de dos viviendas diferentes, mediante una estancia que a menudo servía como almacén en el que se guardaban los víveres de ambas casas.
La estampa uniforme y tradicional del pueblo emana de un perfil arquitectónico bien conservado: la contundencia de la piedra oscura, pizarrosa, combina bien con la madera que sobresale de los tejados formando alerones que protegen las fachadas de la lluvia y del sol en la canícula. Las casas, generalmente de dos alturas, tienen largas balconadas de madera orientadas a la solana que solían utilizarse con frecuencia como secaderos en los que colgar ropas, pimientos o, por ejemplo, piñas de maíz para que perdieran toda su humedad.
Enclavado en un valle resguardado y generoso en el que las temperaturas son suaves, abundan a su alrededor los aterrazamientos sembrados de olivos y vides. De hecho tienen fama en la zona sus vinos de pitarra y su aceite de oliva. Se dice que los primeros en elaborar vino en estas tierras serían los numerosos monjes que poblaron el área en la Edad Media. Más tarde alcanzaría cierta notoriedad al ser nombrado por Cervantes en el Licenciado Vidriera y ser bebido por Carlos V, entre 1555 y 1556, durante su estancia en el Monasterio de Yuste. Uno de los rincones imprescindibles de Robledillo de Gata es el que protagoniza el Molino del Medio, cuyo nombre lo identificaba entre los cuatro molinos de aceite con los que contó la localidad. Su recuperación para la visita lo ha convertido en una auténtica joya etnográfica. Los orígenes del edificio se remontan a los siglos XI y XII, en los que aparece alguna mención. La maquinaria que ahora se contempla, recuperada en perfecto estado, se montó en 1934 y estuvo activa hasta 1976.
Visita enriquecedora
Tanto los paneles como la valiosa y detallada colección de instrumentos relacionados con esta faena permiten conocer in situ cómo se realizaba, con la ayuda motriz del río y después de la electricidad, el laborioso proceso de elaboración de esta materia que tanta importancia tuvo hasta mediados del siglo XX para muchas familias del pueblo.
A la salida del molino, encaminar el paseo hacia las orillas del río permite adentrarse por los rústicos corredores y pasadizos de pizarra a los se asoman algunas casas y bodegas de la parte baja del pueblo. Aguas arriba se localiza, tomando una de las calles que desembocan en el río, el remanso y poza que forma el río Árrago a su encuentro con la población.
Dominando buena parte del conjunto urbano, sobresale la iglesia de la Asunción, con una poco frecuente planta hexagonal y un pórtico abalconado que la rodea al tiempo que se abre sobre el pueblo en pendiente. Las diez columnas que lo sostienen llevan en sus capiteles inscripciones de la Biblia. El interior del templo aloja un Cristo articulado, de gran devoción en el pueblo, un artesonado en el techo de la sacristía y un contundente púlpito de granito labrado con diversas figuras animales. Otra de las señas de identidad de Robledillo, son los esgrafiados que decoran muchas de las fachadas marcando sobre los revoques curiosos dibujos y motivos ornamentales.
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