
Y la ecografía, la primera fotografía en la que vieron por fin qué cara tenía su niña. «Fue muy emotivo», recuerda este padre adoptante que guarda muy bien en su memoria el impacto en su retina de Yifei.
Desde ese día, un mes casi interminable de papeleos para preparar el definitivo viaje a China y conocer en persona a su hija. Quizá la etapa que «se hace más larga» de todo el proceso porque «ya tienes la cara de tu hija y todas las noches, sobre todo cuando te acuestas, empiezas a pensar dónde estará, cómo estará, habrá comido, quién la estará cuidando... Es mucha ansiedad, te comes mucho la cabeza, ya sabes quién es tu hija, como si hubieras visto la ecografía y ya estás con esa ansiedad esperando que llegue el momento del parto administrativo y te entreguen a tu hija», recuerda Javier, un padre afortunado con los trámites administrativos. «Nosotros tuvimos mucha suerte, porque desde que entraron los papeles en la Junta hasta que teníamos a Julia en nuestro brazos pasó un año y cuatro meses solamente», recuerda Ana de su particular embarazo, cargado también de muchas «experiencias personales que disfrutas y vives».
Y aunque resulta algo más complicado que dejarlo en manos de organizaciones que se encargan de ello, estos padres segovianos decidieron ser ellos mismos quienes tramitaron todos los papeles, vivir ese «embarazo administrativo» llevando un papel de un sitio a otro, esperando en la cola de la Embajada China a las siete de la mañana porque «lo hace más emocionante y más bonito. Podremos contar a nuestra hija cómo lo hicimos», apunta Ana, con los ojos empañados por la emoción de recordar el encuentro y la vida con su pequeña.
Reconocen que la adopción «no es ni tan difícil como se dice ni tan fácil» y que echaron en falta más información, pero el contacto con otras familias que también habían adoptado a una niña china, les ayudó en el camino, por lo que recomienda a quienes quieran adoptar que hablan con otros padres que hayan vivido la experiencia «recientemente porque las cosas cambian».
«Ella nos adoptó»
Varían tanto como también han variado sus vidas desde que la pequeña Julia Yifei, que ya tiene dos años, llegó a sus vidas aquel 9 de mayo imposible de olvidar. «Esa noche entiendo que para ella tuvo que ser horrible, estaba en brazos de dos personas que ni tienen el mismo físico a lo que estaba acostumbrada, ni hablan de la misma manera... Pero al día siguiente se despertó, nos echó una sonrisa de oreja a oreja y tuvimos la sensación de que llevaba con nosotros toda la vida», recuerda con la emoción en gesto este padre arrepentido de no haberse decidido antes por adoptar un hijo, «loco de contento y orgullo de que nuestra hija sea china» y convencido de «aunque realmente la adopción está enfocada de padres a hijos, creo que es al revés, en realidad es ella la que nos adopta, nos aceptó y ha querido que nosotros fuésemos sus padres».Animan a que quien realmente esté convencido y quiera ser padre, opte por la adopción. Ellos lo hicieron y confiesan que la experiencia «merece la pena», pero advierten de que «no es algo pasajero». «Es importante que todo el mundo tenga claro que esto no es una moda. Realmente las familias que adoptamos estamos plenamente convencidas de lo que hacemos y nos lleva el deseo de ser padres», insiste Javier Román, padre de una niña llegada de China. «Para adoptar hay que estar muy, muy convencidos de que realmente quieres ser padre. La responsabilidad la asumes al cien por cien», añade, quien tiene claro que «los padres que queremos adoptar no es por quitar a ese niño de esa pobreza, sino porque queremos ser padres».
Aún así, saben que con ellos a Julia Yifei le espera un futuro mucho más alentador que en su país natal, una China en la que la mujer ocupa un papel totalmente secundario en la sociedad. «Miro a Julia y la doy gracias porque ella está con nosotros, nos hace muy felices y estoy súper satisfecha de tenerla, pero también pienso qué hubiera sido de ella de no estar con nosotros», confiesa Ana, agradecida por los meses que su hija lleva a su lado. «Ves otras adopciones que se las han dado con quince meses, veinte... y a nosotros con diez y pienso ¿lo que nos hubiéramos perdido de ella!», exclama esta madre adoptante encantada y emocionada con la aventura de ser padres.








