
Un hecho que se producía en el hospital Bikur Holim de Jerusalén, con su madre en el paritorio protegida por guardaespaldas para mayor furia de los israelíes, y el progenitor puntualmente informado gracias a una llamada que le fue permitida desde su
celda.
El niño será circuncidado a los ocho días, como manda el precepto judío. Día 4 de noviembre, exactamente coincidiendo con el duodécimo aniversario del día en que su padre matara al primer ministro de un tiro durante una manifestación pacifista convocada en Tel Aviv. El quería celebrar el rito en prisión. La Administración penitenciaria no lo ha autorizado, pero su familia y la de su esposa -incansables en sus mensajes acerca de que los hebreos «aman y aprecian a Yigal», en sus peticiones de liberación del reo, ya han preparado su aquelarre de provocación.
«Para nosotros esto es un logro, aquí está nuestro éxito final, y Yigal ha conseguido el momento de felicidad que quería. Este es un día feliz, no sólo para nosotros, sino para toda la gente de Israel», proclamaba el hermano del asesino el día del alumbramiento.





