Asimismo, los comportamientos agresivos aprendidos o desarrollados por los niños en la escuela y la falta de empatía hacia la víctima y su sufrimiento pueden acabar teniendo consecuencias a medio y largo plazo en forma de violencia de género, agresiones sexuales, xenofobia o racismo.
No obstante, Monjas Casarés cree que «la situación no es alarmante, y así lo ha puesto de manifiesto el último informe del Defensor del Pueblo sobre este problema. Pero aunque el porcentaje de niños que sufren acoso escolar sea bajo, es un porcentaje a tener en cuenta». Y dado que las víctimas suelen sufrir estas situaciones en silencio, es necesario que sus propios compañeros les ayuden sacando a la luz lo que está pasando, que los profesores se pongan 'las gafas de ver' en la clase, y que las familias estén muy pendientes no sólo de las notas de sus hijos, sino de su desarrollo armónico».
El debate de ayer fue el prólogo a una seminario interuniversitario que comienza hoy en la Facultad de Educación sobre métodos de evaluación de las relaciones entre compañeros.











