
SUS DATOS
Ilusión, sacrificio, trabajo y disciplina. Tan sencillo de señalar como difícil de ejecutar. Son las bases sobre las que se sostiene el éxito, un éxito más, conseguido por Ana María Pelaz Mota. Con 20 años recién cumplidos está cada día más cerca de hacer realidad el gran sueño de cualquier deportista: participar en unos Juegos Olímpicos. de momento, esta joven,inteligente y guapa vallisoletana ha sido una de las seis componentes del conjunto que ha permitido a España lograr el pasaporte para las Olimpiadas de Pekín.
«Fue muy emocionante. Cuando dieron las notas finales y nos clasificamos para las Olimpiadas de Pekín, casi ni nos lo creíamos, estábamos como flotando. Todas abrazadas y llorando», asegura Ana María Pelaz.
El paso más complicado ya lo ha dado la vallisoletana, que ahora deberá ganarse a pulso nuevamente la confianza de la seleccionadora Ana Baranova y de la entrenadora Sara Bayón para formar parte de las seis gimnastas que finalmente acudan el próximo año a los Juegos en representación de España.
«Ahora no queda más remedio que pensar en el día a día, que es lo que yo siempre he hecho, y trabajar a tope para aprovechar la oportunidad. No queda mucho tiempo, porque apenas tenemos un año y hay que seguir con el mismo espíritu de sacrificio para intentar llegar a lo más alto, que en nuestro caso sería optar a una medalla, no la de oro, algo prácticamente imposible, pero sí estar entre los tres mejores equipos de gimnasia rítmica».
La próxima semana, Ana María Pelaz volverá a la residencia donde se concentra la selección y allí volverá a repartirse el día entre las clases de estudio, el entrenamiento y el descanso.
«Nos levantamos a las 7 de la mañana y una hora después tenemos clases, a mi me quedan cuatro asignaturas para acabar segundo de Bachillerato. A las 11 vamos a entrenar hasta la hora de comer y a las 3 de la tarde otra vez a clase durante dos horas y después hasta las diez de la noche a entrenar. Cena y a dormir», comenta la vallisoletana.
Sin tiempo apenas ni para llamar a la familia, así pasan los días esperando la llegada de nuevos retos, mientras en su mente resuena las voz de su madre, su amiga y consejera «a la única que daría un diez por todo lo que hace por mí».







