
¿Cuál podría ser la solución para acabar con estos clichés? Para Queta la respuesta no es sencilla y habría que darla a través de pequeños pasos. «Lo principal es que exista un acercamiento de ambas culturas. Antes de juzgar hay que conocer para poder terminar con los prejuicios». Desde su punto de vista, el colegio y la familia (la educación, en definitiva) son fundamentales.
«Gracias al estudio hemos comprobado que los niños, cuando son pequeños, no tienen ningún tipo de problemas y que en los patios y las clases juegan con absoluta naturalidad. La brecha se va haciendo cada vez mayor a medida que los niños van creciendo y es entonces cuando cada uno va hacia su mundo y se separan. Los payos con los payos y los gitanos con los gitanos. Por eso es necesario que la familia rompa con esas barreras. Que no se vea a la otra comunidad como algo extraño o peligroso», comenta Queta, quien explica que esta situación de distanciamiento se da tanto en el mundo de los padres payos como en el de los gitanos.
«Al salir de los colegios no suele haber actividades inclusivas. Es importante aprovechar las actividades extraescolares para la participación común de payos y gitanos desde la naturalidad», añade una de las responsables del informe.








