
LAS CLAVES
Sin embargo, casos como el de Madeleine McCann han puesto de manifiesto que esta práctica no es tan segura como parece a simple vista. «Ahora nos echamos las manos a la cabeza, pero esta situación es más habitual de lo que imaginamos, y no sólo en las clases menos pudientes», comenta la psicóloga María José Zoilo. Ir a la compra, a cenar con los amigos o simplemente bajar cinco minutos al trastero aumenta las probabilidades de que los pequeños sufran un accidente doméstico. «Dejar a un menor solo supone mucho riesgo, ya que son niños y no pueden responder ante situaciones difíciles como lo haría un adulto», destaca Javier Urra, defensor del menor desde 1996 hasta el 2001.
Situaciones difíciles
Pero, ¿cuándo un niño está realmente preparado para quedarse en casa sin la compañía de un adulto? La mayoría de los expertos sitúa esta franja entre los nueve y los 12 años, aunque la edad exacta dependerá de la autonomía y responsabilidad que demuestre el pequeño. Eso sí, dejar a los hijos sin supervisión antes de los siete años es de «desaprensivos», ya que aún no son conscientes del riesgo ni saben cómo comportarse en situaciones difíciles, según recalca Urra. Tampoco vale la excusa de que el pequeño duerme plácidamente en su cama. «Un niño sano tiene un sueño profundo pero muy intenso, por eso cuando se despierta, lo hace agitado y, si encima se encuentran solo, la ansiedad que tiene en ese momento se puede generalizar cada vez que se vaya a la cama», recuerda el ex defensor del menor.
Además, a los menores no se les debe dejar solos en casa de la noche a la mañana. Hay que prepararlos para la ocasión, una vez que la familia considere que ha llegado el momento de dar este paso. «Es necesario comprobar que el niño reacciona de forma correcta ante determinadas situaciones -como no abrir la puerta a un extraño-, que es precavido y responsable», relata Zoilo. Así, los padres deben darle una serie de pautas y normas a seguir durante el tiempo que no van a estar en el hogar, donde no puede faltar su número de teléfono móvil o el de emergencias. Pero eso siempre que el menor esté de acuerdo en quedarse solo, «ya que no se le debe obligar, porque podría ser una experiencia negativa con mucho riesgo de convertirse en traumática», asegura María Victoria Trianes, catedrática de Psicología Evolutiva de la Educación.
Exceso de confianza
Los especialistas también aconsejan que las salidas de los padres sean de forma gradual y que exista cierto control por parte de vecinos y familiares, sin olvidar llamarlos por teléfono cada cierto tiempo para comprobar que todo está en orden. «Siempre deben tener a mano a alguien que pueda acudir de forma inmediata a la casa por si tuvieran algún problema», explica Trianes. Y es que muchas familias no sólo dejan unas horas solos a sus hijos un determinado día. Algunos incluso pasan todas las tardes sin nadie y hasta comen sin la compañía de un adulto. En países como Estados Unidos a estos pequeños se les conoce como 'niños llave', en referencia a la llave de la casa que suelen llevar colgada al cuello. En España, la ley no establece a partir de qué edad se puede dejar a un menor solo, aunque sí puede sancionar a la familia e incluso retirarles al niño si los servicios sociales consideran que está en una situación de riesgo por pasar demasiado tiempo solo.
Muy diferente es el tema de los adolescentes. «En estos casos son ellos los que quieren quedarse solos en casa porque se sienten mayores», matiza Zoilo. Lo que pasa es que a estas edades suelen pecar de exceso de confianza.








