
Los beneficios superaron con creces los peligros del quirófano. La posibilidad de fallecer por complicaciones relacionadas con la cirugía se limitó a un 1%, aunque en manos expertas el riesgo es aún menor. Los resultados de estas investigaciones de las universidades Sahlgrenska (Suecia) y de Utah (EE.UU.) podrían ampliar el número de personas candidatas a la reducción de estómago. Ambos trabajos, publicados en la revista 'New England Journal of Medicine', constituyen la mejor información proporcionada hasta la fecha.
Con la cirugía se reduce el estómago y se consigue que desaparezca el apetito de las personas con sobrepeso. Pero la operación también tiene un efecto directo en el metabolismo. Reduce la cantidad de tiempo que el organismo necesita para absorber las calorías de los alimentos, con lo que se consigue que las personas operadas pierdan peso con facilidad. La cirugía también tiene un efecto directo sobre la diabetes del tipo 2. Hasta el punto de que algunos médicos han emprendido estudios para probar si este tipo de cirugía en personas que no tienen obesidad mórbida, puede ser la mejor solución para combatir su diabetes.
Alternativa
La universidad sueca siguió a más de cuatro mil personas obesas. La mitad de estos pacientes optaron por resolver su sobrepeso con la ayuda del bisturí. Diez años después, los operados perdieron entre el 14% y el 25% de su peso corporal frente al 2% de los que combatieron su obesidad solo con dieta. En el tiempo que duró el estudio también fallecieron más pacientes del segundo grupo.
En el segundo trabajo, los investigadores estadounidenses midieron el impacto de la cirugía de la obesidad tras revisar la información de 10.000 pacientes que se sometieron a la reducción de estómago. Los datos se compararon con la información proporcionada por los certificados médicos exigidos para conducir. Después revisaron esa información con el registro de mortalidad para determinar cuántas personas de esos dos grupos murieron y por qué. En esta ocasión también comprobaron que la mortalidad fue menor en el grupo de los operados.
La reducción de estómago es la opción más radical contra la obesidad. Para las personas a las que el quirófano no les convence, la alternativa es el balón intragástrico. Se trata de un globo de silicona relleno de una solución salina, que se introduce en el estómago a través de la boca, mediante endoscopia.
Así se consigue la sensación de saciedad y la pérdida de peso sin necesidad de reducir su estómago. Se pueden perder entre 20 y 30 kilos, a un ritmo de un kilo por semana. Sin embargo, la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad advierte que sus indicaciones están limitadas y su eficacia sólo se mantiene si se acompaña de unas correctas medidas nutricionales y de ejercicio físico.








