
EL TORNEO
Pues bien, dicho y hecho, los partidarios del festejo recularon de su 'área reservada' -la Guardia Civil habilitó dos espacios vallados por completo para las dos partes y custodiados en medio por veinte agentes antidisturbios- y acudieron en masa a la celebración de un encierro convocado a la misma hora de la protesta. Los tordesillanos aguantaron esta vez el chaparrón de coreografías -algún que otro insulto incluido- de los antitaurinos y dieron la espalda a un acto que los dos años anteriores acabó literalmente como el rosario de la aurora.
Esta vez no fue así y la hora y media de concentración -de 12.00 a 13.30-, iniciada y finalizada con puntualidad británica, concluyó con un inocente cruce de palabras entre los congregados -«no sois nadie sin garrota», «garrulos»...- contestado por un irónico «adiós con el corazón» entonado desde el lado de los escasos vecinos que acudieron al 'manifestódromo'.
«Símbolo de la barbarie»
La convocatoria de las asociaciones antitaurinas, eso sí, tuvo un gran éxito de participación al lograr reunir a 600 activistas -450 el año pasado y 150 en el 2005- llegados en catorce autobuses fletados desde media España e, incluso, a dos miembros de la Liga inglesa contra los Deportes Crueles y del Comité Antitaurino de Holanda y Bélgica. El representante de este último, Marius Kolff, recordó que «en Europa nadie se puede creer lo que le hacen aquí a un animal indefenso» y añadió que «Tordesillas es un símbolo de la barbarie en todo el continente».
El antitaurino holandés fue recibido, al igual que el resto de protestantes, con los 7.000 pasquines elaborados por el Patronato del Toro de la Vega, una bienvenida mucho más suave que los huevos y polvorones -marca Toro de la Vega- que les llovieron el año pasado a los manifestantes. Y eso que los que abrían la marcha hasta el recinto acotado para ellos iban equipados con cascos rojos.
Pero no fueron necesarias tales defensas y ni siquiera los antidisturbios tuvieron que enfundarse los 'trajes de faena' ante la tranquilidad que reinó entre dos bandos por fuerza irreconciliables.
La presidente del Partido Antitaurino contra el Maltrato Animal (PACMA), Concepción Reyero, señaló que «cada años somos más los que estamos en contra de esta barbarie y pronto conseguiremos que este espectáculo sólo esté en los museos y en los libros de historia». Para que dicho objetivo se cumpla, los activistas entregarán hoy 2.000 firmas a la Junta para intentar «parar el torneo».
La protesta acabó ayer en paz con la promesa por parte de los participantes de que «volverán».Mejor los toros que los antitaurinos parecieron pensar unos vecinos de Tordesillas que ayer llenaron el recorrido por el que transitó el astado 'Barrileto', durante la celebración por vez primera del 'Toro del Cristo', mientras en la Puerta de la Villa 600 manifestantes guardaban un minuto de silencio -el único en hora y media en el que apagaron los megáfonos- por la inminente muerte del Toro de la Vega a partir de las 11.00 horas de mañana.
El encierro, convocado en paralelo a la concentración, discurrió por un circuito urbano desde La Vaquera hasta la Plaza de Toros sin que se produjeran incidentes. Sus organizadores decidieron prolongarlo hasta las 13.30 horas, cuando finalizó la concentración antitaurina, para evitar los incidentes de otros años.
«Vienen a provocarnos en contra de nuestras tradiciones, que se celebran desde tiempos inmemoriales, pero no vamos a caer más», resumía el presidente del patronato del Toro de la Vega, Gerardo Abril, quien aclaró que «este año hemos recomendado a todo el mundo que no se acerquen siquiera a los antitaurinos».
No lo hicieron y los cinco kilos de polvorones del Toro de la Vega -una marca local- destinados inicialmente a sobrevolar las cabezas de los activistas contra el maltrato animal acabaron repartiéndose entre los asistentes del festejo taurino. «No veo bien que vengan aquí a insultarnos, pero es mejor no caer en provocaciones y entrar al trapo», reconocía Nacho Hernández, el peñista que compró la caja de polvorones.











