El vecino del barrio de Pajarillos Juan Lino S, testigo presencial del tiroteo registrado el día 15 de junio de 2004 en la confluencia de las calles Faisán y Pavo Real de Valladolid en el que, presuntamente, dos miembros del clan de los 'Miguelones', los hermanos Miguel ('Pitu') y Manuel J.G, acabaron con la vida de un 'Monchín' e hirieron a otros cuatro más, mantuvo hoy haber visto entonces a una de las víctimas empuñando una pistola.
Fue la declaración más impactante de la sexta jornada del juicio que se sigue desde la pasada semana en la Audiencia de Valladolid, ya que el declarante, pese a precisar que hoy sufre un problema de memoria por los efectos de una operación quirúrgica, llegó a ratificar lo declarado en su día ante la Policía Nacional, es decir, que tras los primeros disparos se asomó por la ventana de su casa y vio cómo "tres o cuatro jóvenes iban acompañando a una persona sangrando que con la mano izquierda se presionaba el pecho y con la derecha sostenía una pistola de grandes dimensiones".
El testimonio de este vecino vendría a avalar la tesis de la defensa, ejercida por el conocido letrado madrileño Marcos García Montes, en el sentido de que el 'Pitu', menor de los dos hermanos 'Miguelones' acusados, se vio obligado a sacar dos pistolas para defender su vida ante un supuesto ataque orquestado por miembros de los 'Monchines' debido a las rencillas que mantenían ambos clanes de etnia gitana.
Esta misma versión es la mantenida también no sólo por ambos hermanos sino por la esposa del mayor de ellos, Isabel G, quien, relató que el día de autos acompañaba a su cuñado, 'Pitu', cuando éste se disponía a recoger el coche tras concluir el mercadillo de los martes y que entonces seis o siete miembros de los 'Monchines' armados con pistolas y navajas, entre ellos Salvador R.C.('Caín'), Diego L.R. ('Chapuzas') y Raúl R.L. ('Peluco'), "se arrancaron contra él y éste se vio obligado a sacar una pistola y a disparar a bulto para defenderse".
Los padres de los dos 'Miguelones', Carlos J.J. y María G.E, se limitaron a relatar lo que les había dicho el menor de sus hijos ya que, según sostuvieron, tras cerrar el puesto en el mercadillo se acercaron hasta un establecimiento para comprar unos pollos y unas patatas fritas y luego se dirigieron a casa para comer.
El Pitu estaba "sentenciado"
Fue al poco de llegar cuando el patriarca de los 'Miguelones'-estuvo en prisión cinco meses y medio por su presunta implicación en los hechos-recibió noticias de que uno de sus hijos había tenido un enfrentamiento o "quimera" con los 'Monchines' y optó por refugiarse en casa junto con otros miembros de su familia para evitar posibles represalias, temor justificado por cuanto horas después la fachada y ventana del inmueble fueron ametrallados desde la calle por, supuestamente, integrantes del clan rival.
Pese a que esta última familia sostuvo durante el juicio que el enfrentamiento se produjo porque la 'Monchín' de 15 años Aroa R.C. se negaba a seguir viviendo con el 'Pitu', con quien se había casado por el rito gitano, debido al maltrato físico y psíquico que padecía, el progenitor del acusado negó este extremo y atribuyó toda la polémica al hecho de que su nuera quería meter a su hijo en el mundo del narcotráfico.
"Estaba sentenciado porque ella quería que mi hijo viviera la vida fácil que llevan ellos dedicada a las drogas y el narcotráfico y él no quería porque prefería continuar con la que tenemos nosotros, que consiste en ganarnos la vida honradamente con el trabajo del mercadillo", incidió Carlos J.J, quien añadió que incluso su familia había recurrido hasta en tres ocasiones a los 'arregladores' gitanos con el fin de llegar a un acuerdo amistoso entre ambos clanes.
Respecto de lo ocurrido en la confluencia de las calles Faisán y Pavo Real, el padre de los dos hermanos acusados mantuvo que no fue hasta la llegada del menor de ambos, el 'Pitu', cuando este último le confesó que había intercambiado unos tiros con los 'Monchines'. "Me dijo que habían ido a por él y que se había tenido que defender", reiteró el progenitor.
Este, al igual de lo que hicieran en días previos sus dos hijos, denunció también que durante la estancia de los tres en prisión han tenido que sufrir un confinamiento especial de aislamiento tras tener conocimiento de que los 'Monchines' habían ofrecido a otros presos 72.000 euros por la cabeza de cualquiera de ellos.
"Es la casa de ellos, ya lo saben todos ustedes", declaró Carlos J.J. en un intento de mostrar la peligrosidad del clan rival, con buena parte de sus miembros entre rejas, frente al hecho de que ningún 'Miguelón' había tenido hasta ahora problemas con la Justicia.
Custodios hasta la audiencia
El temor a posibles represalias es tal que tras los hechos todos los 'Miguelones' se vieron obligados a sufrir destierro en Galicia para garantizar su propia seguridad. Incluso para el presente juicio la Policía Nacional ha tenido que establecer un dispositivo especial para garantizar la integridad de los miembros de esta familia que han sido citados como testigos, hasta el punto de que los padres, un tío y la esposa del mayor de los acusados han sido custodiados en todo momento desde su entrada en Valladolid y parte de su retorno hasta Galicia.
El miedo a declarar es el mismo que impedirá conocer la versión de los hechos que podrían aportar los 'arregladores' que trataron de mediar entre ambas familias. "¡No quieren venir porque saben que si dicen la verdad les matan. Al que declare en contra de los 'Monchines' el pelan. Se irán a la tumba sin decir la verdad!", denunció gráficamente el jefe del clan de los 'Miguelones'.
El juicio proseguirá mañana miércoles con la práctica de la prueba pericial. Inicialmente, el Ministerio Fiscal solicita para cada uno de los dos 'Miguelones' imputados más de 35 años de cárcel y el pago de indemnizaciones por valor de 336.000 euros por un delito de homicidio, tres tentativas de homicidio, una falta de lesiones y otro delito de tenencia ilícita de armas, mientras que la acusación particular pide 51 años de pena para cada hermano y el pago de una indemnización de 500.000 euros por un delito de asesinato, tres tentativas de asesinato, una falta de lesiones y tenencia ilícita de armas.
La defensa, por su parte, solicita una sentencia absolutoria para ambos hermanos ya que entiende que el menor de ellos, 'Pitu', se vio obligado a disparar en defensa propia. Alternativamente, en caso de sentencia condenatoria, interesa para Miguel J.G. una pena de 7 años por delito de homicidio y tres delitos de lesiones.